Prohibido Olvidar
Por Ismael Sambra
ismaelsambra@nuevaprensalibre.com
Join
NPL mailing list para recibir los editoriales
y artículos importantes
15 años después de la tragedia de la Plaza Tiannamen, el 4 de
junio de 1989, donde fueron masacrados cientos de jóvenes pacifistas,
la República China, espera aún por verdaderas reformas económicas
y sobre todo políticas.
Desde las primeras reformas iniciadas por Deng Xiaoping en 1979, China ha
ido aumentando su economía, con exportaciones e importaciones que sobrepasan
el 60% del PBI. La ayuda considerable brindada por los Estados Unidos ha contribuido
esencialmente a ello, y hoy día el régimen comunista chino,
gracias a esta suerte y a la oportunista adopción de una estructura
de economía de mercado, que contradice sus postulados marxistas, ha
podido al menos aliviar las hambrunas y apuntar hacia un mejor nivel de vida
para el pueblo. La llamada China comunista ha considerado el respeto a la
propiedad privada como el puente fundamental para su desarrollo.
Sin embargo, de qué sirven los progresos económicos dentro de
su sistema cerrado de gobierno que muy poco ha progresado en la eliminación
de los abusos y desafueros de su política en contra del obrero y los
derechos individuales. La libertad económica exige libertad política.
La explotación a que está sometido el obrero chino es más
que degradante, y sólo es superada por la explotación a que
está sometido el obrero cubano dentro de un sistema que se ha pronunciado
por la eliminación de la explotación y un gobierno que manipula
a los inversionistas extranjeros y acumula para sí cuantiosas ganancias
como burdo intermediario entre el obrero y el capital. El gobierno chino,
al igual que el gobierno cubano controla los salarios y siempre se queda con
la mayor parte de los dólares ganados por sus esclavos modernos. ¿Qué
otro nombre se le puede dar a esto que no sea el de "grocera explotación"?
El ofrecimiento de mano de obra barata ha contribuido al empuje de los inversionistas
en estos países, y por ejemplo, los artículos chinos, aunque
muchas veces con menos calidad, llegan a invadir los mercados capitalistas
y hasta competir con sus bajísimos precios, producto de sus bajísimos
costos de producción; y a esto también hay que ponerle frenos
El desarrollo económico chino ha sido palpable, pero todas las libertades
están realmente coartadas: el Estado continúa controlando los
medios de difusión, limitando estrechamente las posibilidades de inversión
y los capitales son manejados por la maquinaria política con esquemas
muy parecidos o con escasas diferencias a los utilizados por el sistema cubano.
China ha sido declarada por los Estados Unidos como una nación preferencial
para el desarrollo y a Cuba se le ha declarado una ley de embargo que en realidad
funciona como acción política más que económica.
Hablar del porqué de este tratamiento diferente no viene al caso. Baste
sólo enunciar que dicho embargo no funciona y que es utilizado por
el régimen de La Habana para tratar de justificar sus violaciones,
su política represiva contra el pueblo y la disidencia interna. Falsa
justificación, porque la represión y el terror comunista son
elementos intrínsecos del sistema para poder sostenerse. Con China
no rige ninguna ley de embargo, todo lo contrario, y de todas maneras la represión
y el terror comunista existen al extremo de los exterminios masivos como los
sucedidos hace 15 años en la Plaza Tiannamen.
¡Ojo político con la política China!, porque no se puede
estar fortaleciendo al verdugo que está siempre dispuesto a cumplir
con su función o con su instinto natural y asesino. La masacre de Tiannamen
jamás debe ser olvidada por el mundo civilizado y es una de las cuentas
pendientes que tendrán que pagar estos verdugos disfrazados de líderes
populares y cebados en el caudillismo, en el despotismo, en la ambición,
en la perversidad.
Join NPL mailing list para recibir los editoriales y artículos importantes
| Editoriales
Anteriores |