Editorial NPL
Edición 9


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16 de junio 2004

Ismael Sambra
Por Ismael Sambra
ismaelsambra@nuevaprensalibre.com

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15 años después de la tragedia de la Plaza Tiannamen, el 4 de junio de 1989, donde fueron masacrados cientos de jóvenes pacifistas, la República China, espera aún por verdaderas reformas económicas y sobre todo políticas.

Desde las primeras reformas iniciadas por Deng Xiaoping en 1979, China ha ido aumentando su economía, con exportaciones e importaciones que sobrepasan el 60% del PBI. La ayuda considerable brindada por los Estados Unidos ha contribuido esencialmente a ello, y hoy día el régimen comunista chino, gracias a esta suerte y a la oportunista adopción de una estructura de economía de mercado, que contradice sus postulados marxistas, ha podido al menos aliviar las hambrunas y apuntar hacia un mejor nivel de vida para el pueblo. La llamada China comunista ha considerado el respeto a la propiedad privada como el puente fundamental para su desarrollo.

Sin embargo, de qué sirven los progresos económicos dentro de su sistema cerrado de gobierno que muy poco ha progresado en la eliminación de los abusos y desafueros de su política en contra del obrero y los derechos individuales. La libertad económica exige libertad política.
La explotación a que está sometido el obrero chino es más que degradante, y sólo es superada por la explotación a que está sometido el obrero cubano dentro de un sistema que se ha pronunciado por la eliminación de la explotación y un gobierno que manipula a los inversionistas extranjeros y acumula para sí cuantiosas ganancias como burdo intermediario entre el obrero y el capital. El gobierno chino, al igual que el gobierno cubano controla los salarios y siempre se queda con la mayor parte de los dólares ganados por sus esclavos modernos. ¿Qué otro nombre se le puede dar a esto que no sea el de "grocera explotación"?

El ofrecimiento de mano de obra barata ha contribuido al empuje de los inversionistas en estos países, y por ejemplo, los artículos chinos, aunque muchas veces con menos calidad, llegan a invadir los mercados capitalistas y hasta competir con sus bajísimos precios, producto de sus bajísimos costos de producción; y a esto también hay que ponerle frenos
El desarrollo económico chino ha sido palpable, pero todas las libertades están realmente coartadas: el Estado continúa controlando los medios de difusión, limitando estrechamente las posibilidades de inversión y los capitales son manejados por la maquinaria política con esquemas muy parecidos o con escasas diferencias a los utilizados por el sistema cubano.

China ha sido declarada por los Estados Unidos como una nación preferencial para el desarrollo y a Cuba se le ha declarado una ley de embargo que en realidad funciona como acción política más que económica. Hablar del porqué de este tratamiento diferente no viene al caso. Baste sólo enunciar que dicho embargo no funciona y que es utilizado por el régimen de La Habana para tratar de justificar sus violaciones, su política represiva contra el pueblo y la disidencia interna. Falsa justificación, porque la represión y el terror comunista son elementos intrínsecos del sistema para poder sostenerse. Con China no rige ninguna ley de embargo, todo lo contrario, y de todas maneras la represión y el terror comunista existen al extremo de los exterminios masivos como los sucedidos hace 15 años en la Plaza Tiannamen.

¡Ojo político con la política China!, porque no se puede estar fortaleciendo al verdugo que está siempre dispuesto a cumplir con su función o con su instinto natural y asesino. La masacre de Tiannamen jamás debe ser olvidada por el mundo civilizado y es una de las cuentas pendientes que tendrán que pagar estos verdugos disfrazados de líderes populares y cebados en el caudillismo, en el despotismo, en la ambición, en la perversidad.

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