Editorial NPL
Edición 57



Enviar Artículo La intransigencia castrista
23 de junio 2006

Ismael Sambra
Por Ismael Sambra
ismaelsambra@nuevaprensalibre.com

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La intransigencia de la dictadura castrista empuja a sus opositores pacíficos a pagar cuotas extraordinarias de sacrificio con ilimitadas huelgas de hambre que provocan la muerte o dejan secuelas imborrables en los que la realizan.

El psicólogo y periodista independiente Lic. Guillermo Fariña agoniza en estos momentos a causa de su prolongado ayuno iniciado el pasado 31 de enero. Parece tener un triste final su viril protesta de no ingerir alimentos hasta que el régimen castrista permita al cubano, y sobre todo a él que es director de una agencia de periodistas independientes, a conectarse desde su casa con las informaciones y el resto del mundo a través del Internet.

Pero parece que esto es mucho pedir para un régimen obsoleto y criminal que le teme más a la libre expresión, comunicación e información que a las bombas.

Guillermo Fariña se está muriendo ante la mirada indiferente de Fidel Castro y de muchos, entre ellos, supuesto defensores de derechos humanos que se organizan en el mundo para supuestamente defender la justicia y los derechos de todos sin que medien intereses políticos, religiosos o raciales. Estas "organizaciones de derechos humanos" formados en su mayoría por izquierdistas y comunistas disfrazados que cínicamente chillan y patalean con singular desenfado cuando unos soldados americanos por equivocación o por venganza matan a supuestos civiles en Irak al tiempo que guardan silencio cómplice cuando los terroristas iraquíes asesinan con sus coche-bombas a cientos de inocentes ciudadanos para imponernos sus doctrinas y aberraciones. Del mismo modo guardaron silencio cuando en un solo día los comunitas chinos mataron a cientos de jóvenes estudiantes que protestaban en la plaza Tianamen.

Guillermo Fariña se está muriendo y todavía recuerdo el triunfo de Lucius Walker y su grupo "Pastores por la Paz" cuando protagonizaron un simulacro de huelga de hambre dentro de un autobús amarillo en la frontera de Nuevo Laredo, para que el gobierno americano le permitiera llevar el autobús y otros equipos y donaciones a Cuba a pesar del llamado "Bloqueo yanqui". ¡Con qué facilidad se obtienen estas demandas en los países democráticos donde hay respeto a las minorías y una prensa libre siempre dispuesta a ganarse el sello de la autenticidad ante cualquier acontecimiento!

Guillermo Fariña se muere, y prefiere morir antes que doblegarse a una dictadura y su vil censura, antes que continuar fingiendo adhesión política como hacen muchos para tratar de sobrevivir en la isla-cárcel. Su determinación debe ser respetada y admirada. Dijo que si el régimen no cedía a sus demandas estaría dispuesto a morir y "convertirse en un mártir de la Internet". Pienso en los terribles momentos que están pasando él y su familia, porque yo viví en carne propia similar situación junto a otros seis prisioneros políticos en la prisión de Boniato. Estuvimos dispuesto a morir en una huelga de hambre que sólo se detuvo 40 días después cuando los represores se comprometieron a cumplir nuestras justas demandas delante de nuestros familiares: la de recibir un trato humano, la de considerarnos como prisioneros políticos y no como delincuentes comunes como impone el régimen hasta el punto de imponernos el mismo uniforme y obligarnos a convivir con los criminales en sus celdas. Pero no cumplieron. Hasta ese riesgo tenemos que correr los que nos lanzamos a estas protestas, el de ser engañados o ignorados.

Teníamos el antecedente de Pedro Luis Boitel, un prisionero de conciencia que había muerto el 25 de mayo de 1972 después de 53 días de huelga de hambre en la prisión política aferrado a sus convicciones, un joven lleno de vida, un mártir más por culpa de la tiranía castrista. Sabíamos que podían dejarnos morir tal como hicieron con él, pero resistimos.

Su inseparable compañero de celda, que describió en su diario la tragedia, estuvo con él hasta el último momento y en uno de los últimos días no pudo resistir más el sufrimiento y la depauperación física de su amigo y le dijo: "¡No sigas con esta huelga, no comprendes que lo que quieren es matarte!", a lo que Boitel casi sin aliento, contestó: "Podrán matar mi cuerpo, pero no mi espíritu".

En Cuba hay más de 300 prisioneros políticos y entre ellos 27 periodistas independientes que reciben un trato degradante y están sufriendo infinidades de torturas físicas y sicológicas que los empujan a acciones suicidas como éstas pues no tienen otra alternativa frente al abuso y la impotencia. En contraste vemos el trato que recibió Fidel Castro, el mayor cínico de la historia, cuando estuvo preso después de su asalto armado a un hospital y a un cuartel militar en Santiago de Cuba. El mismo confiesa en una carta:

"...dormimos con la luz apagada, no tememos recuentos ni formaciones en todo el día, nos levantamos a cualquier hora; mejoras éstas que yo no pedí desde luego, agua abundante, luz eléctrica, comida, ropa limpia, y todo gratis. No se paga alquiler. ¿Crees que por allá se está mejor? Visitas dos veces al mes. Reina ahora la más completa paz. No sé sin embargo, cuánto tiempo más estaremos en este 'paraíso'..." (La Prisión Fecunda, La Habana, p.149).
No olvidaremos a Boitel como tampoco olvidaremos el grito de su madre contra los servidores del régimen que impera en Cuba por casi medio siglo: "¡Asesinos, ustedes han matado a mi hijo!".

El régimen comunista de Fidel Castro nos tiene acostumbrado a sus intransigencias y a sus engaños, a lidiar con funcionarios y déspotas que golpean, que torturan, con lacayos y fanáticos que cierran los ojos frente a las circunstancias paupérrimas que viven los prisioneros y el pueblo cubano. Estos sacrificios y estas muertes declaran culpables del crimen a estos engendros comunistas capaces de odiar a sus propios hijos y hasta fusilarlos cuando se les oponen. Son seres insensibles y ateos que superponen los principios políticos sobre los principios humanos.

Guillermo Fariña se muere en aras de la libertad, su estado se hace irreversible y el régimen no cede frente a su demanda. No se trata de un simple autobús amarillo, sino de algo más justo, digno y humano que conquistar, se trata de la libertad de expresión y comunicación que Fidel Castro y sus lacayos suprimen

Para ellos tenemos esta respuesta enérgica. <<No olvidaremos. No>>. Para ellos y para los indiferentes la misma respuesta, porque como dijo José Martí: "ver en calma un crimen es cometerlo".

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