Editorial NPL
Edición 52



Enviar Artículo La pelota y la política
6 abril 2006

Ismael Sambra
Por Ismael Sambra
ismaelsambra@nuevaprensalibre.com

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Este es el dilema. Ser amante de la pelota y ver al equipo de tu país representando las ambiciones del más viejo dictador del continente. Por un lado quieres que tu equipo gane, porque es un equipo que ha ganado siempre en certámenes internacionales; y por otro, quieres que pierda para no ver después al dictador jactándose con la frasecita “que gracias a la revolución la pelota cubana triunfa”. ¡Qué dilema!

Mis hijos también querían que Cuba ganara, pero después que les expliqué mi dilema; es decir, esta embarazosa situación de quiero y no quiero, se sumaron a mi grupo, al de los millones de cubanos que dentro y fuera de la isla confrontan este mismo dilema. Sin embargo en la semifinal, cuando vi jugando tan mal al equipo de República Dominicana, tuve que expresar: ¡Qué gane el que juegue mejor! Porque no soy un fanático de esos que ve los reiterados errores y todavía defiende y hasta justifica a los que los cometen. El equipo Cuba jugó mejor y por eso mereció la victoria.

De este lado del mundo estamos acostumbrados a ver que los mejores son los que triunfan, no los que tienen un carné del partido o los que gritan viva el dictador como ocurre en Cuba en todos los planos de la vida. Allí los que se definen como comunistas tienen los mejores empleos, allí los jefes son aquellos que muestran adición al régimen unipartidista y para esto no hace falta que sea un buen profesional, sino un “cabeza de muelle” que siempre diga sí a los caprichos del dictador comunista, sin criterio propio, sin poder de voto ni de voz.

Recuerdo que en el canal de televisión donde yo trabajaba como asesor, realizador y guionista, cambiaron al director general y pusieron a otro que tampoco sabía nada de televisión. Lo pusieron sólo porque era un dirigente del partido comunista enviado por la provincia. Y así es todo. Ese era su mérito, y aquello fue el desastre mayor; porque el susodicho director, un gordito rechoncho y colorado, se la pasaba limpiando y arreglando su carro Lada particular con los recursos técnicos de la televisión. Todo un títere manejado desde la cúpula para los intereses del único partido permitido en Cuba, porque lo más importante no era el trabajo artístico, sino el mensaje de adoctrinamiento político del régimen comunista adueñado de las fábricas, de los empleos y de todos los medios de difusión.

Cuba ha tenido magníficos peloteros. Desde niño jugábamos a la pelota con cualquier cosa que se pudiera tirar y batear. Recuerdo que hacíamos pelotas hasta con papel enrollados con hilos de coser o con cajetillas de cigarros, cortadas en ruedas, porque después con Castro se hizo difícil hasta conseguir una pelota. La pelota en Cuba es una tradición. Los cubanos se fueron coronando reiteradamente como campeones desde que se iniciaron los mundiales amateurs en 1938. Cuba fue la segunda potencia del mundo en la pelota profesional y la primera en la pelota amateur.

En este primer clásico mundial vimos en el terreno muy buenos jugadores. Grandes promesas, con mucho talento deportivo, pero lamentablemente esclavos de un régimen que los promueve sólo para su propaganda política y beneficio, pues ni el dinero que ganan es repartido entre los jugadores, son deportistas esclavizados a los que ni siquiera se les permitió hablar con la prensa, porque la vigilancia del régimen fue total: dos agentes de la seguridad para cada pelotero, para evitar que desertaran. Vimos al hijo del dictador encabezando el equipo como un elemento más de la vigilancia y la represión y nos acordamos del hijo de Sadam Husein cuando controlaba el equipo de football de Irak con sus torturas físicas y sicológicas contra los deportistas perdedores. Sabemos de la doble vida que viven los cubanos que intentan sobrevivir. Sabemos del chantaje y la corrupción de sus funcionarios. Los Castro tomaron medidas extremas para que ningún pelotero se les escapara en esta ocasión, tal y como había sucedido en anteriores certámenes.

Ahí tenemos los testimonios de talentosos peloteros que lograron escapar de la tiranía como Bárbaro Garbey, Orlando "Duke" Hernández, Liván Hernández, José Contreras, Miglio Ordoñez, José Canseco, entre otros. Fuimos desde mucho antes del régimen castrista una poderosa fuente del béisbol latinoamericano. Recuerdo a los cuatro equipos fundamentales: Almendares, Habana, Marianao y Cienfuegos, recuerdo a peloteros triunfadores en las Ligas Negras, en las Menores, en las Grandes Ligas. No pretendo hacer historia de nuestras hazañas, simplemente dejo aclarado que siempre fuimos triunfadores y que el tirano ha dividido Cuba. El exilio con más de dos millones, es parte de Cuba.

Ahora se jacta el dictador de que los “aficionados” peloteros cubanos derrotaron a los principales equipos profesionales. Me disgusta oír decir que estos peloteros cubanos son aficionados. Por favor, analicemos. Son profesionales, no son aficionados como nos hace ver el dictador y como repiten algunos. El dictador dice que en Cuba no hay béisbol profesional, lo dice con toda la intención de su propaganda política, porque el deporte y la política para él son una misma cosa. Estos peloteros son profesionales, pues no tienen otro empleo que no sea el de estudiar, practicar y jugar a la pelota todo el año. Se diferencian de los profesionales de acá, en que éstos ganan millones y los de allá sólo reciben míseros salarios y, de cuando en cuando, las migajas de la mano privilegiada del dictador. Este es otro dilema, el dilema del pelotero cubano que se sabe campeón y se siente limitado, que se sabe dividido y explotado y como prisionero responde a los manejos y chantajes políticos de un dictador.

Bajo estos términos los peloteros profesionales cubanos quedaron clasificados para la final. Japón sería un buen rival pues ya le había ganado a Cuba con anterioridad. Todo indicaba el gran espectáculo al final de un evento tan lleno de resultados sorpresivos como el knockout que le había propinado Puerto Rico a Cuba en el primer encuentro, su primer nocao en eventos internacionales desde que Taipei de China le propinó 13-1 en la Copa Intercontinental de Bélgica en 1993. Esperamos el juego atiborrados de confusiones y desde el primer turno apareció la ventaja de Japón por culpa del mal picheo; y cuando sentí que el equipo de Cuba estaba perdiendo, quería entonces que ganara; sobre todo cuando los cubanos del exilio desde las gradas apoyaban los intentos de carreras de los peloteros cubanos. ¡Qué lástima no poder decir “nuestros” peloteros cubanos, pues sabemos que son los peloteros del dictador!, porque así lo hicieron saber los jefes del equipo desde el principio, pues no podían “faltarle el respeto al comandante en jefe con alguna deserción”.

Nosotros los cubanos del exilio a los que el dictador llama traidores, porque nos negamos a soportar su dictadura, estábamos apoyando como cubanos al equipo cubano. En los estadios se vio el entusiasmo desbordado, porque “PELOTEROS SI, TIRANOS NO” como expresaba claramente uno de los carteles desde las gradas, carteles que irritaron mucho desde el inicio a los jefes del equipo, quienes amenazaron con retirarse de la competencia si continuaban esas manifesta-ciones. Ni siquiera fueron tolerantes fuera de Cuba estos gendarmes disfrazados de peloteros, en franca violación a la libertad de expresión que aquí los cubanos sí disfrutamos.

Entonces Japón mantuvo y aumentó la ventaja para ganar el partido. Entonces me quedé como en Chok, completamente pasmado. Vi las caras furibundas de mis pobres coterráneos. Vi las caras amargadas de los agresivos agentes de la seguridad que les vigilaban. ¡Qué dilema! Ni me alegré ni me entristecí. El tirano había perdido, pero también había perdido Cuba.

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