Editorial NPL
Edición 51



Enviar Artículo Primavera negra, no olvidamos
16 marzo 2006

Ismael Sambra
Por Ismael Sambra
ismaelsambra@nuevaprensalibre.com

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Cuando nos llegó la convocatoria para la Manifestación Internacional Contra la Represión en Cuba, pensamos en la magnífica oportunidad que teníamos de repudiar una vez más al régimen cubano que por cinco décadas desgobierna en la isla-cárcel y nos intenta chantajear a través de sus oficinas de intereses, consulados y embajadas esparcidas por el mundo.

Los exiliados cubanos somos una gigantesca familia de más de dos millones, producto del más grande éxodo de la historia moderna si tomamos en cuenta que más del 20 % de los cubanos ha emigrado de diferentes formas desde la llegada de Castro al poder. A pesar de las restricciones que tienen los cubanos para viajar, una tercera parte de los que salen en viajes de trabajo, no regresan al país y el que regresa lo hace presionado por el enlace familiar.

Es la primera vez que se realiza una manifestación de esta magnitud, y no debe ser la última. Al menos una vez al año, los que gozamos de libertad debemos manifestarnos para exigir la liberación de los oprimidos en cualquier parte del mundo. No debemos nunca olvidar a los que quedaron atrás por falta de oportunidad o determinación de salir adelante. Tampoco debemos olvidar a los que quedaron atrás luchando en condiciones realmente tortuosas contra el opresor. Nosotros no olvidamos; nosotros, los que vivimos la esclavitud comunista, „la futura esclavitud‰ como la definieran Spencer y Martí con extraordinaria luz hace más de cien años al conocer las teoría marxistas; es decir, cuando aún no habíamos vivido las angustias y los desastres de su práctica avasalladora; nosotros los que escapamos (y sabemos que escapar es también un forma de rebeldía) no debemos olvidar y quedarnos con los brazos cruzados frente a la agonía que viven en la prisión nuestros hermanos. Que sepan que no están solos, que de este lado los apoyamos, que se sigue luchando. Que el mundo lo sepa, se avergüence y se sume.

Sabemos que hoy día se hacen muy difíciles estas protestas si tomamos en cuenta que el régimen castrista, que dividió a nuestras familias, utiliza a los que quedaron atrás como rehenes. Tengamos esto muy en cuenta a la hora de los números; porque cuando invitamos a estas manifestaciones algunos dudan y nos dicen que tienen miedo, porque después no se les permite visitar a sus familiares. Valor hermanos, valor y sacrificio. Paguemos el precio. Todos tenemos familia. Yo tengo una nieta preciosa de 6 años de edad que aún no conozco, que aún no he podido tomar en mis brazos. No nos dejemos chantajear. No paguemos con nuestra dignidad el burdo chantaje.

Tenemos muchos miembros y contribuyentes anónimos, empresarios y hombres de negocio que tienen miedo incluso para anunciarse en nuestro periódico por temor a las represalias del régimen. Hombres que lamentablemente aun en estas tierras de libertad siguen esclavos a pesar de sus claras convicciones. ¡Es una pena! Hasta ese punto llegan las represiones sicológicas y físicas de la diabólica maquinaria represiva de Castro. Sabemos de cubanos que han sido humillados cuando han pedido permiso en las oficinas de intereses para viajar a su propio país, que han sido atropellados y encarcelados cuando logran pisar suelo cubano. Ahora nos dejan entrar después de 30 años de absoluta prohibición, no porque nos quieren; sino porque necesitan nuestros dólares para mantener su régimen. Ironías de la vida, pues con más de mil millones anuales en remesas y viajes, los exiliados estamos sosteniendo al dictador que nos discriminó y expulsó de Cuba.

Sabemos de casos tan insólitos que muchos se niegan a creer. Casos como el de Julio Regalado, que después de recibir la visa de entrada fue retenido en el aeropuerto, encarcelado y devuelto tres días después a Canadá en otro avión, después de haber perdido el pasaje, pagado 45 dólares por cada día de prisión, de haber pagado su comida cada día y haber pagado como taxi el carro de policías que lo llevó de vuelta al aeropuerto. No le dieron explicaciones. No pudo ver a ningún familiar, ni siquiera a su madre enferma a punto de morir. Él interpretó, de acuerdo a las preguntas del interrogatorio, que el motivo fue el de estar viajando a Cuba con demasiada frecuencia. La represión en Cuba no es un fantasma, es el plato de cada día y no son todos los que tienen madera para enfrentarse a la represión.

Afortunadamente tenemos a muchas personas y organizaciones que nos apoyan. Hemos tenido experiencias muy alentadoras que nos dicen que debemos insistir en nuestros proyectos, en nuestras denuncias a cualquier precio, porque la libertad tiene su precio y a veces en el mercado de los „intereses creados‰ tenemos que duplicarlo y hasta triplicarlo.

Muy triste es saber que mientras aquí disfrutamos de las bondades democráticas, en varios hospitales de Cuba agonizan algunos de nuestros hermanos que protestan haciendo huelgas de hambre. En nuestra página Prensa Amordazada informamos sobre algunos casos, entre ellos el caso del licenciado Guillermo Fariñas, periodista independiente, que lleva más de 40 días sin comer y su salud está ya muy deteriorada. Su reclamo es simple: tener acceso al Internet, pues esto está limitado en Cuba. Este hermano se nos muere frente a la intolerancia del despótico castrocomunismo.

Nosotros que conocemos lo que es una huelga de hambre, pues participamos en la prisión de Boniato en una que duró 40 días para reclamar nuestro derecho a la libertad, respeto a nuestra condición de prisioneros políticos y un basta a las torturas y la represión del régimen, sabemos lo que se sufre en ese estado cuando uno está determinado a morir antes que seguir esclavizado. Se necesita realmente una fuerte convicción, pues hay que enfrentar además las torturas sicológicas y hasta los engaños de los represores. Siete, de veintiuno que iniciamos la huelga, resistimos hasta el final, hasta el mismo borde de la muerte, hasta que el régimen aparentó ceder para detenernos, pues ya había alcanzado repercusión internacional la digna acción. Pero incumplieron las promesas, hechas en una reunión, frente a nuestros familiares. ¡Cobardes!

De todos modos pienso que el sacrificio valió la pena, pues demostró que no se puede estar jugando con la moral de los seres dignos. Por eso admiramos mucho la determinación de Guillermo Fariña y de otros que como él se sacrifican para llamar la atención de los indiferentes. Gracias a hombres como estos la libertad es más grande, más amiga y apreciada cada día.

Se cumplen tres años de la ola represiva contra periodistas y líderes disidentes este 18 de marzo de 2003, conocida como la Primavera Negra de Cuba. A las largas condenas de 75 hermanos de lucha se agregó el fusilamiento de tres jóvenes negros que intentaron escapar de la isla al secuestrar una lancha de pasajeros. El régimen intentó aplastar de un solo zarpazo la palabra viva, la pacífica oposición cubana, pero la oposición ha crecido. El régimen ha fracasado y está pronto a desaparecer, porque éstos son en realidad sus últimos estertores, éstos sus zarpazos de bestia moribunda. Debemos apoyar la disidencia interna los que gozamos de libertad. Hacemos un llamado internacional para reclamar la libertad de más de 400 prisioneros políticos, un urgente llamado para que cese la represión en Cuba.

 

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