Editorial NPL
Edición 50



Enviar Artículo ¿Para qué sirve Ginebra?
1 marzo 2006

Ismael Sambra
Por Ismael Sambra
ismaelsambra@nuevaprensalibre.com

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Un matrimonio canadiense me preguntó que para qué sirve la condena que cada año expresa las Naciones Unidas en Ginebra contra las violaciones de los derechos humanos en Cuba. Este matrimonio está muy interesado en aprender bien el idioma español y, después que le expliqué con detalles la triste realidad cubana, quedaron también interesados en el tema. Ellos leen mis editoriales y nuestra conversación surgió precisamente motivada por mi reciente editorial donde hablo del importante papel que puede jugar Canadá en la democratización de la isla.

Cada año el régimen de Castro es condenado por sus violaciones en Ginebra -les dije-. Y no tuve más remedio que responder a su pregunta con la triste verdad: Las condenas de Ginebra no sirven para nada, porque Castro sigue hasta peor con sus violaciones. Se niega a que inspeccionen sus cárceles, a permitir la libre expresión y asociación, la circulación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Castro se sigue burlando de las democracias con su insolente totalitarismo. Castro entonces merece un ejemplar castigo antes de morir, llegamos a esta conclusión.

Después de su ofensiva represiva de marzo del 2003 en la cual 75 líderes disidentes y periodistas independientes fueron encarcelados con largas condenas, Castro se mantuvo a la espera, quizás sorprendido por la reacción internacional, hasta de algunos de sus más viejos aliados, en su contra,. Pero ha vuelto a la carga cuando muchos ingenuos quizás pensaron que podría cambiar su cínica estrategia con la liberación de algunos prisioneros por motivos de enfermedad.

Parece que estos hechos no significan nada, y más bien algunos fanáticos lo justifican y sueñan con la idea de poder crear nuevas dictaduras de izquierda en el continente, aprovechando el cansancio, el descontento o la ignorancia de algunos pueblos suramericanos. Quieren implantarnos nuevos regímenes comunistas a pesar del descrédito que arrastran, a pesar de que el Consejo de Europa acaba de aprobar finalmente por abrumadora mayoría una condena internacional contra los crímenes perpetrados por el comunismo.

Ya son demasiadas las víctimas de estos regímenes, de los que aún persisten. El pueblo cubano se desespera cada vez más por el desenlace final que al parecer sólo llegaría con la muerte del dictador. Miles son las víctimas de un pueblo dividido, cubanos marcados para siempre dentro y fuera de la isla, frente a los culpables directos e indirectos, de individuos manchados, de enfermos de odio por las fracasadas doctrinas del castro-comunismo. Más del 20 % de los cubanos vive en el exilio. ¿Es que acaso esto tampoco significa nada?

Más de 10,000 documentados nombres se registran entre fusilados y desaparecidos, como recientemente se recordó en un evento que auspicia cada año el Memorial Cubano. Su comité organizador intentó entregar en la oficina de intereses de Cuba en Washington estos documentos como protesta, pero los funcionarios se negaron a recibirlos, pues son ciegos que no quieren ver.

Ese es el estilo de estos desalmados, el de cerrar los ojos frente a la acusadora realidad que los desprecia por ruines y cobardes. Recuerdo que en el mes de julio del año 2004 realizamos una manifestación frente a la embajada de Cuba en Ottawa los miembros y activistas de la Fundación Cubano Canadiense (CCF) y de la Asociación de Trabajadores Cristianos de Canadá (CLAC) para pedir la liberación de los prisioneros políticos y de los líderes de los sindicatos independientes; y ese mismo estilo fue utilizado, y se negaron a recibir la carta de reclamo y las tarjetas postales firmadas por más de 5,000 canadienses defensores de la democracia y los derechos humanos. Pero los hombres dignos no se rinden, más bien se rebelan y denuncian ante el mundo tanto a los criminales como a los indiferentes; porque como dijo Martí: "Ver en calma un crimen es cometerlo".

Cómo mirar con indiferencia el hundimiento del remolcador "13 de marzo" que trataba de escapar de la isla-cárcel el 13 de julio de 1994, donde murieron más de 40 personas y entre éstas 10 niños.

Cómo mirar con indiferencia el derribo de las dos avionetas civiles de Hermanos al Rescate por aviones MIGs enviados por Castro el 24 de febrero de 1996 donde murieron cuatro jóvenes pilotos cubanos-americanos en aguas internacionales como quedó demostrado. Hermanos al Rescate es una organización que, en el estrecho de la Florida, se dedica a salvar vidas de cubanos desesperados que intentan escapar de la represión y la miseria moral y económica que vive Cuba. Vale recordar que la nueva ley de embargo contra el régimen castrista fue aprobada para castigar este vandálico hecho que sucedió en los momentos que se discutía la aprobación de esta ley en El Senado americano.

Cómo mirar con indiferencia que los líderes de la sociedad civil estén siendo brutalmente acosados, golpeados, encarcelados y desaparecidos por las nuevas oleadas represivas del régimen que emerge con furia oxigenada por el petróleo chavista. ¡Tontos aquellos que aún confían en la cordura de un dictador en sus estertores finales!

Cómo mirar con indiferencia que el psicólogo y periodista independiente Guillermo Fariñas se esté muriendo en una huelga de sed y hambre en un hospital de Cuba y que la insensibilidad del régimen lo condene a muerte por no atender a sus simples reclamos de acceso al Internet y a sus equipos de trabajo que le fueron confiscados; porque la censura es una descarada ley en ese régimen que todavía algunos defienden.

No a la impunidad. Queremos evitar la venganza, pero ¿adónde irán a esconderse estos infelices una vez que desaparezca físicamente su histórico líder, su instigador y encubridor? ¿Adónde ésos que forman las Brigadas Rápidas del régimen para golpear y hostigar a pacíficos disidentes, a Marta Beatriz Roque, nominada al Premio Nóbel de la Paz, a las Damas de Blanco, premio Sakharov 2005 de derechos humanos, y a tantos otros de los más de 300 prisioneros políticos que languidecen en la prisión bajo pésimas condiciones de vida.

Por eso nos sentimos muy estimulados y agradecidos cuando conocemos a personas como este matrimonio canadiense, que decidió no viajar a Cuba como turista, como algunos hacen cada año, pues conocen las discriminaciones que sufren los cubanos y exigen castigar a los condenados en Ginebra por sus violaciones sistemáticas a los derechos humanos.

Por eso y por ellos no debemos descansar, y convocamos una y mil veces más a la digna protesta, contra la impunidad, contra la inmunidad de estos gobernantes que a todas luces odian a los pueblos, tanto como odian a sus enemigos y tanto como desprecian a sus lacayos.

Por eso nos sumamos a la protesta internacional este sábado 18 de marzo frente a las oficinas de intereses del régimen castrista en cada país, para hacer un llamado a la opinión pública y decirles a nuestros compatriotas que luchan en la isla-cárcel, que no están solos. Aquí en Canadá, Montreal, Toronto, Ottawa, está encendida la antorcha de la libertad que le duele al tirano.

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