Editorial NPL
Edición 47


Enviar Artículo Elecciones libres, deseo popular
19 enero 2006

Ismael Sambra
Por Ismael Sambra
ismaelsambra@nuevaprensalibre.com

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Todo parece indicar que los conservadores tomarán el gobierno en las próximas elecciones federales del 23 de enero en Canadá. Los canadienses reclaman un cambio y los liberales, después de doce años de poder consecutivo, pierden el turno frente a los conservadores. El Partido Conservador (centro derecha) y el Partido Liberal (centro izquierda) van adelante en las encuestas por encima de los restantes partidos que cerraron sus campañas confiando en el voto de los indecisos para asegurar mayoría en El Parlamento. Estos son los dos partidos con mayores posibilidades de triunfo, porque los restantes apenas alcanzan un 15% de los votos. Según las encuestas, el Partido Conservador aventaja en 10 puntos al Partido Liberal, pero nada está seguro hasta el conteo final de las boletas.

Diferentes factores han influido en el cambio de dirección del deseo popular, y entre éstos podemos mencionar los constantes escándalos de fraude y corrupción protagonizados por los liberales. Ya es tiempo de que los conservadores aparezcan en la escena con una coherente política. Canadá es una potencia que debe jugar un papel más activo en el plano internacional acorde a los nuevos tiempos.

Resulta curioso que mientras los electores de la parte sur de América hacen un giro hacia la izquierda, los de esta parte norte se mueven hacia la derecha. En política los errores se pagan caros y los electores cobran sus cuentas en tiempos de elecciones cuando se saben dueños del poder que les da la libertad y la democracia que han cultivado. El ejercicio de este derecho evita guerras intestinas. Los candidatos que aceptan las reglas de juego y llegan al poder por simple mayoría, están en la obligación de respetar este derecho ciudadano de elegir libremente a sus gobernantes. Por eso es injusto que éstos elegidos cambien luego las reglas como han hecho algunos gobiernos izquierdistas (el Chávez de Venezuela) quienes utilizando las bondades de la democracia llegan al poder con la intención de destruirla para perpetuarse.

Los izquierdistas en Canadá han perdido mucho. La cultura electoral adquirida a través de décadas de ejercicio democrático, les da a los votantes el sentido necesario para descubrir la farsa y el engaño. Donde existe la democracia, que es el poder del pueblo, no se puede estar jugando sucio, ni engañando, ni incumpliendo, ni decepcionando a la población que depositó su esperanza en el programa del partido de su elección. Y esta regla es aplicable dondequiera.

La comunidad latina, al celebrar el 28 de enero el 153 aniversario del natalicio de José Martí, el más grande pensador y educador de América, el poeta, el político, el hombre que nos enseñó a ser elemento activo en los destinos de una nación, puede jugar un papel esencial en estas elecciones para promover el cambio necesario que nos haga dignos del poder que ejercemos y de la libertad que disfrutamos. ¡No a la indiferencia, no a la apatía! Nuestra comunidad puede sentirse orgullosa de vivir un país de oportunidades, que nos escucha, que responde a nuestros intereses; puede sentirse segura de que su democracia es sólida y de que será siempre preservada por encima de aspiraciones personales de poder y gloria. Este es un país estructurado en el respeto del juego democrático por mayoría simple y sin detrimento de las minorías, para que éstas se sumen y no confronten o dividan nuestra sociedad.

José Martí vio con claridad los valores del sufragio universal que sólo crea la libertad política como "una de las grandes conquistas del siglo XIX" cuando en sus años de exilio político vivió las experiencias de la república en los Estados Unidos y quiso para Cuba y para América gobiernos civiles elegidos por el pueblo a través del voto libre y directo, "porque el voto es un arma aterradora, incontrastable y solemne; que el voto es el instrumento más eficaz y piadoso que han imaginado para su conducción los hombres."

Lo más importante es estar seguro de que, independientemente de quien gane las elecciones, se preserve la democracia que evita la división y la violencia. Martí toma como ejemplo lo que ocurre en los Estados Unidos para exponer el valor que tiene el sistema democrático para la solución de los problemas: "Parece que el hábito ordenado y constante de la libertad da a los hombres una confianza en su poder que hace innecesaria la violencia." Por eso repudiamos esas guerrillas y grupos que en países democráticos sólo han servido para sembrar terror, extorsión y muerte.

Chile nos sirve de ejemplo después de las recientes elecciones donde el candidato de la izquierda chilena fue reconocido como ganador y felicitado por el candidato de la derecha quien ofreció cooperación para mantener la armonía del país que despunta entre los de mayor crecimiento económico en el continente. Esto demuestra que el modelo Castro-Comunista no tiene razón para existir, para prolongar por más tiempo su existencia, pues sólo responde a las ambiciones de un autócrata que por la fuerza pretende el poder vitalicio. "Imponerse es de tiranos. Oprimir es de infame." Sólo a través del voto libre, secreto y directo, en elecciones pluripartidistas, se puede llegar a un consenso real de la voluntad popular. La mayoría manda aunque esté errada, y el error se corrige en cada mandato mientras se respete el juego democrático. Esperamos que los gobiernos de Chile y Brasil sigan esta doctrina y no se dejen arrastrar como Evo Morales en Bolivia por los reflujos de la izquierda comunista que sólo ha sembrado tiranías, miseria y destrucción en el planeta.

Nos preocupa lo que sucede en América con esos diabólicos engendros que utilizando el voto popular llegan al gobierno cargados de odios y ambiciones. Martí nos explica en otra parte: "Los cargos sobre el sufragio comenzarían a ser un tanto justos, cuando tuviéramos un pueblo de votantes perfectamente entendidos, que por sí mismos fueran capaces de señalar su voluntad a la nación. Ya que fuera malvado oprimir a las masas del pueblo elector, con opresión tanto más sencilla y disculpable, cuanto su ignorancia y su falta de personalidad propia sean mayores".

Crear modelos totalitarios utilizando el sufragio democrático es un crimen, una vil traición a los electores que confiaron y que por mala memoria, bajas pasiones, pobreza espiritual o ignorancia eligieron el desastre que más tarde les caería encima. A estos temores nos mueven siempre los izquierdistas. Cuando las encuestas anuncian su llegada al poder, empiezan a huir las inversiones. Estos asesinos, que dividen y arruinan la economía con políticas irracionales y populistas, generan finalmente asfixia social. Sufrimos esa experiencia que Martí definió claramente: "Cuando un pueblo emigra los gobiernos sobran". Más del 20 % de los cubanos ha emigrado. ¡Qué más prueba quiere el mundo para entender el fracaso del modelo Castro-comunista!

Canadá es un ejemplo de objetividad, estabilidad y armonía. Gobernar para todos, y no para una parte del pueblo contra la otra, es justicia, libertad y desarrollo. Estas son palabras claves en la doctrina martiana. La armonía social depende mucho de la justicia social, depende mucho de la orquestación de leyes justas que garanticen en primer lugar el respeto a la dignidad del individuo como elemento esencial de la colectividad. Y esta armonía sólo puede ser lograda por políticos que entiendan que -como expresó Martí-, "el gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país..." y que "el gobierno de los hombres es la misión más alta del ser humano, y sólo debe fiarse a quien ame a los hombres y entienda su naturaleza"; porque "un pueblo no se funda, General, como se manda un campamento"; porque las elecciones libres siempre serán un deseo popular.

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