Editorial NPl
Edición 45


Enviar Artículo Conciliación en lugar de confrontación
16 diciembre 2005

Ismael Sambra
Por Ismael Sambra
ismaelsambra@nuevaprensalibre.com

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No podemos separar cultura de religión. Hay que considerar el rol que jugó la Iglesia católica en la conformación de una identidad cultural americana. Y no hay por qué lamentarse de nada, porque lo que pasó ya pasó y es historia. Muchos misioneros acompañaron a los conquistadores en sus conquistas. El mundo indígena aunque se resistió a la doctrina impuesta, finalmente asimiló las creencias cristianas de los conquistadores españoles y esto, por ejemplo, se ve en el sincretismo expresado en el culto a la Virgen de Guadalupe, símbolo de devoción y similares íconos en todo el continente. A esto le llamamos enriquecimiento en lugar de degradación como algunos pretenden llamar.

Con la llegada de los negros africanos al Nuevo mundo en los tiempos de la esclavitud, el sincretismo o conciliación se expuso en un largo proceso casi natural y necesario para la supervivencia. Un mismo santo o deidad aparece con nombres y ritos diferentes. Así la Virgen de la Caridad del Cobre es la Ochún de la religión Yoruba de los africanos. Una cierta tolerancia acrecentó estas manifestaciones y en este tránsito de conciliación se evitaron guerras que el Viejo mundo sin embargo no pudo evitar y más bien promovió a través de intransigencias como las tristemente célebres Cruzadas.

Pero en la historia nada puede fijarse a un esquema, y nuestro reducido espacio no nos da para demasiadas especulaciones. Sin embargo sabemos que los romanos cuando invadieron Grecia resultaron conquistados o cautivados por la poderosa cultura griega y que los moros no pudieron penetrar completamente cuando dominaron en España, aunque dejaron sus huellas. La historia ha resanado sus heridas y este acto conciliador o de asimilación entre diferentes costumbres y culturas se nos presenta hoy día en un mundo cada vez más necesitado de conciliación, en el mundo de paz y amistad que todos queremos para bien de todos.
La integración me la explico de esta manera. Para los inmigrantes ha sido un reto mantener sus tradiciones en los nuevos lugares de asentamiento. Pero en los países abiertos a la inmigración las culturas se mezclan y las religiones se concilian sin grandes conflictos. La mayoría de los inmigrantes mantiene sus tradiciones, pero sus descendientes pocas veces lo logran, más bien se funden para enriquecerse. La fórmula funciona en última instancia con la integración y no con la confrontación, pues los inmigrantes "invaden" los nuevos territorios en funciones de conquistados o cautivados y no de conquistador o cautivador.

Los emigrantes llegan a estos países muy conscientes, atraídos por un mundo de aperturas políticas y desarrollo económico. Los inmigrantes latinoamericanos que llegan a Estados Unidos y Canadá, dos países del continente con cultura anglosajona, traen consigo sus costumbres, sus religiones, mezcladas o sincréticas en cultos indígenas, africanos y españoles y se integran armónicamente al nuevo estatus. El multiculturalismo que estos países desarrollan a través del sistema democrático de respeto a las minorías parece ser la solución más adecuada para las divergencias. En las sociedades multiculturales hay más oportunidades de adaptaciones a la modernidad. Nos apoyamos en el Estado de Derecho que hemos alcanzado, alejado de fanatismos xenofóbicos, fundamentalistas y discriminatorios. El mundo ha nacido dividido por adversidad para después juntarse por necesidad.

Sin embargo, existen dos grandes culturas o religiones: Oriente y Occidente, al parecer irreconciliables por la falta de motivación o política global de conciliación. Pueden presentarse filosóficamente opuestas, pero no lo son; porque se trata de una misma esencia humana, de un mismo Dios interpretado con nombres diferentes. Los inmigrantes islámicos que buscaron la Europa luego tolerante y desarrollada como refugio, aún parecen distanciados por marginaciones y enquistamientos y este fenómeno político-cultural necesita a tiempo el elemento transformador de esa religión que entiende que Dios es uno solo y el mismo para todos.

Muchos musulmanes que viven en Europa, lejos de integrarse, crean sectores radicales y avivan rencores del pasado y esto es aún muy peligroso para estos cruciales tiempos. Muchos viven marginados y son presa fácil para las doctrinas fundamentalistas que quieren hacer del Islam la religión definitiva del planeta, la cual no intenta convertir a los llamados "infieles", sino matarlos, tal y como intentaron las Cruzadas europeas en las guerras de conquista y reconquista de las tierras santas de Jerusalén. El Papa Juan Pablo II ya pidió disculpas a la humanidad por los errores del pasado y dio los primeros pasos para la conciliación; y su doctrina debe tener seguidores, porque se trata de que Dios es uno aunque las culturas lo celebren de formas diferentes en este único mundo donde todos debemos y tenemos derecho de habitar con dignidad, porque contra ambiciones de poder, fundamentalismos, totalitarismos, dictadores y dictaduras de odio y venganza, existe el Dios verdadero de tolerancia, amor y paz, interpretado así tanto en La Biblia como en El Corán. Y nos alarmamos, cada vez más, frente a un Irán con capacidad nuclear amenazando a un Israel con el total exterminio de su territorio.

¿Pero qué ha sido la historia sino una serie de sucesiones de vencidos y vencedores en tiempos de guerras de conquistas? Históricamente hemos vistos que las guerras las provocan los criminales que se adueñaron del poder, que arrastraron en el empeño a sus pueblos, y que estos criminales generalmente perecieron bajo la misma espada que alguna vez agitaron como bandera de triunfo. En los actuales tiempos, frente a esta nueva guerra mundial como "guerra necesaria" que se libra contra el terrorismo, la derrota de los fundamentalistas islámicos como declarados enemigos es más que una simple necesidad, porque después se abriría el camino para la completa conciliación entre estas dos grandes culturas.  

Se acerca un nuevo año y los cristianos de todo el mundo celebramos nuestras fiestas y tradiciones con un único mensaje en nuestra casa tolerante y democrática. Conciliación es la palabra de orden y no guerra de imposiciones y exterminios. Sólo hay un Dios y sólo habrá una religión que haga verdadero culto y honor a Dios, esa que definió José Martí como su religión definitiva: La Libertad

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