Editorial NPl
Edición 44


Enviar Artículo El virus del comunismo
1 diciembre 2005

Ismael Sambra
Por Ismael Sambra
ismaelsambra@nuevaprensalibre.com

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Siempre he tratado de explicarme los daños que ocasionan las doctrinas del comunismo. Y lo comparo con un virus de lenta pero peligrosa propagación. Penetran en las mentes débiles de individuos debilitados por la ignorancia, la decepción, la frustración y/o la envidia. Es un virus que se aprovecha de estos factores hasta convertir a los infectados en "agente trasmisor", en exterminadores de cualquiera que se les oponga, mientras se alimentan, como hacen los vampiros, de la sangre de sus víctimas.

Siempre he tratado de explicarme este fenómeno que reaparece de pronto con otros disfraces, con síntomas diferentes, que llegan a confundir a los médicos y a los anticuerpos ya creados por su comportamiento histórico. Pero nunca lo entendí tanto como cuando recibí en mi casa la visita de un enfermo, de un comunista que ni siquiera intentó mirar un video que yo le mostraba, donde los agentes trasmisores de Chávez disparaban a mansalva contra una multitudinaria manifestación antichavista en las calles de Caracas. Créalo o no lo crea. Este comunista, "de cuyo nombre no quiero acordarme", jamás miró al televisor y ladeaba la cabeza para no ver las imágenes, por más que yo le insistía. Por supuesto, hasta ese día fui tolerante con él, porque fue demasiado ofensiva su bajeza. Pude comprobar de primera mano sus obcecadas reacciones frente a la verdad que le mostraba. Con su actitud respaldaba la violencia, el terrorismo y la maldad que practican estos agentes trasmisores del virus Chávez-castrista.

El comunismo y su propaganda penetran con más facilidad en las mentes ignorantes, en los que no conocen sus dañinos efectos y se ilusionan con las apariencias. Es "la gran estafa". Prometen la igualdad, prometen la justicia, prometen la libertad y en casi cien años de totalitarismo comunista nada de esto se había cumplido. Todo lo contrario, desde el imperio de El Estado, se había dado origen a una nueva esclavitud, a "La Futura esclavitud" de la que nos alertaron filósofos y humanistas, visionarios como Herbert Spencer y José Martí, desde mucho antes que se llevaran a la práctica las aberrantes teorías marxistas.

Un turista canadiense tratando de justificar su falta de conciencia con sus viajes a Cuba, se refirió a que <<hay intelectuales que defienden el comunismo>>, cuando le explicaba que el comunismo encumbra tiranos, divide a los pueblos, discrimina a los nacionales y penetra fácilmente en los ignorantes. Es muy simple, pienso que penetra en los menos preparados para entender su "sutil" veneno. <<¿Y entonces, cómo se explica el caso de los intelectuales?>>, me preguntó. A esos "intelectuales" adictos al sistema, aunque conocemos muchos casos de enfermos que pudieron curarse, el virus les penetró por otra vía, les penetró por su "pobreza espiritual" hecha a la medida del comunismo. Estos son caracteres complejos que odian la propiedad privada porque no la pudieron poseer por diversos factores, por incapacidad, por haraganería, por falta de talento o interés, y asumen el comunismo como una venganza contra aquellos que la poseen, contra los ricos, contra los que desarrollan su riqueza a base de creatividad y de mucho más de ocho horas de trabajo diario. En el fondo, cuando hablan de igualdad, quieren ser iguales en las pobrezas y no en las riquezas.

Entonces, a los ignorantes el virus les entra por el camino de su ignorancia. Pero a los intelectuales, que conocen, que estudian, les penetra por el camino de su empobrecido espíritu, malvado, intolerante, envidioso y revanchista. Algunos llegan a descubrir que el comunismo es dañino hasta para ellos mismos, pues atenta contra el individuo, contra el sentido de la propiedad que es parte inseparable de la naturaleza humana; sin embargo lo apoyan, porque están enfermos de odio y venganza. Y éstos son los más dañinos trasmisores, pues tienen en sus manos los medios para desinformar, confundir, engañar y envilecer a los ignorantes con promesas que saben no podrán cumplir, pues los esquemas adoptados por el sistema que defienden, frenan y obstaculizan el desarrollo espontáneo, ético y económico de la sociedad. Son de los que entregan un ojo con tal de ver ciegos a sus adversarios.

Como sabemos, este virus penetra también en intelectos más desarrollados, en políticos, periodistas y profesionales, pero no a través de su falta de conocimientos, sino a través de su "pobreza espiritual", de sus bajas pasiones, para convertirlos así en fanáticos agentes trasmisores de ciegos que no quieren ver.

El comunismo es intrínsicamente perverso, porque perverso se vuelven sus agentes trasmisores. ¿Cómo no sufrir habiéndolo vivido y conociendo testimonios de aquellos que vivieron cautivos en los campos de concentración al estilo fascista, creados especialmente para aquellos que se rebelaron, que se resistieron a ser contaminados, a convertirse en robots, en agentes trasmisores de esta enfermedad, que se rebelaron por tener dignidad, elevado espíritu y una naturaleza fortalecida por el cristianismo y las ansias de libertad?

<<La Libertad está en peligro, ¿Qué podemos hacer para protegerla?>> me dijo en su carta Angel, un artista plástico que vive ahora en Vancouver después que escapó del Castro-comunismo. <<Mucho podemos hacer>> -le respondo mientras pienso en Nico, un cristiano que vive en Toronto, que logró escapar de un campo de concentración creado por los comunistas Yugoeslavos, un hombre que se jugó la vida y que juró no olvidar jamás los crímenes que causaron en su país sus jurados enemigos.

Me contó que tuvo que dormir amarrado a los árboles para no ser devorado, que no podía calentarse por temor a que lo descubrieran, que finalmente llegó casi muerto al otro lado de la frontera, que no olvida la muerte de su abuelo atacado por los perros de sus perseguidores, que vio cómo en el suelo le comían las orejas, que no podía olvidar aquella terrible pesadilla, que cómo era posible que todavía algunos hablaran en favor del comunismo, de los comunistas que pretendían erigirse ahora en América, aprovechando las "debilidades" de la democracia, agazapados o con el mismo discurso gastado de odios y falsas promesas a los pobres... <<A los ignorantes y pobres de espíritu>> -agregué-, promesas que no iban a cumplir porque sólo ambicionan el poder y como "arteros envenenadores se fingen defensores de los oprimidos para tener hombros en que alzarse", como dijo Martí; se fingen para imponer su enfermedad en la sociedad, para contaminar hasta los que no quieren vivir contaminados, obligados a vivir una doble vida por la falta de libertad de expresión y de acción; forzados, anulados, traumatizados por la doble moral impuesta de esos diabólicos agentes trasmisores del virus del comunismo.

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