Editorial NPl
Edición 43


Enviar Artículo Defender la democracia, obligación de todos
16 noviembre 2005

Ismael Sambra
Por Ismael Sambra
ismaelsambra@nuevaprensalibre.com

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De la pasada IV Cumbre de Las Américas surgen alertas, entre las que podemos considerar la importancia de defender la democracia, la cual requiere constante atención, más ahora que han resucitado engendros clonados del pasado comunista con el mismo cuento populista de justicia social para luego esclavizar a los pueblos. Debemos actuar, porque aprovechándose de la democracia sus enemigos celebraron con sobrados recursos económicos la Anticumbre; es decir, la antidemocracia.

La Cumbre de Las Américas fue considerada exitosa, a pesar de los largos y gastados discursos en su contra. De los 34 países participantes 5 disintieron y precisamente el Chávez de Venezuela fue de los principales promotores y subvencionadores Anticumbre, aunque también se habla del aporte Kitchner quien jugó en los dos equipos, aunque se sabe cual es el equipo de su predilección.

Nos llamó la atención la parsimonia de Bush, quien a pesar de las manifestaciones antiamericanas, se sabía el hombre fuerte de la Cumbre y como tal determinó su temperatura y toleró las protestas de sus adversarios declarándolas como algo natural y propio de las democracias.

Entonces a pesar de los trucos publicitarios y las distracciones Anticumbre de viciados periodistas, la Cumbre de Las Américas declaró "crear trabajo para enfrentar la pobreza y fortalecer la gobernabilidad democrática", y reafirmó su compromiso con el ALCA, el libre comercio, a pesar de las rabietas del engendro Chávez y su pandilla, con su proyecto ALBA, totalmente ausente de proyectos para los urgentes tiempos de desarrollo que la América necesita. Hugo Chávez anunció en Argentina el entierro del ALCA y lo que vimos fue la derrota del ALBA demagógica de los Chávez, los Castro, los Coca-Evo Morales y los Narco-Maradona de la izquierda comunista con su arsenal de violencia en el continente americano, muy parecido al arsenal de violencia de los fundamentalistas islámicos.

Sí, porque las revueltas incendiarias en Francia, es otro problema y es el mismo. Esa mezcla de odio racial y religioso de o contra los inmigrantes musulmanes es una bomba de tiempo. La política de economía socialista y beneficio social creada por el gobierno francés está generando bajo crecimiento económico y parásitos sociales que viven de la ayuda estatal. Los inmigrantes musulmanes son aquí una doble carga social, porque la mayoría mantienen sus costumbres de tener varias esposas y muchos hijos, porque cada niño recibe dinero de El Estado, de manera que el padre no necesita trabajar y comienza a vivir a expensas de lo que reciben sus hijos. La cadena se complica cuando estos hijos crecen y no tienen dinero y además se les hace difícil conseguir trabajo, pues el desempleo y la discriminación aumentan. Esto es problema que no se resuelve llamando a la calma como hace el gobierno francés, se resuelve con leyes y regulaciones enérgicas y prácticas.

A los violentos no se les llama a la calma, hay que aplicarles la ley. Un volcán puede estar en calma y por eso no deja de ser un volcán. Si no se adoptan políticas urgentes con este engendro mezcla de antisemitismo y antiamericanismo en el mundo árabe, la libertad de occidente estará más en peligro en esta Guerra mundial contra el terrorismo. Repetimos que ésta no debe ser una lucha sólo de los Estados Unidos. De nada le ha valido a Francia su negativa de colaboración en esta guerra sin cuartel contra los enemigos de la libertad.

La izquierda comunista desestabiliza o aprovecha la desestabilidad que causan protestas como éstas para penetrar las mentes y establecer su estilo dictatorial, que, como ya sabemos, no es el de gobernar para todos; sino para una parte del pueblo contra la otra.

Los comunistas que aún persisten, escasos pero muy violentos, diseminados por el planeta, esos que roen la raíz del árbol productivo sólo porque no son devotos de sus frutos, usan las ofensas cuando no pueden usar la violencia para cercenar las mejores ramas y frutos de la democracia. Por eso vemos a Chávez insultando al presidente Fox, por no haber servido en la Cumbre a sus intereses y resabios; vemos a un Castro agrediendo a Europa por pedir la liberación de los prisioneros políticos cubanos, a un Mahmoud Ahmadinejad presidente de Irán sentenciando que Israel debe ser borrado de la faz de la tierra, reviviendo un fascismo pero de guerra nuclear.

¿Y qué tienen que ver los fundamentalistas islámicos con los izquierdistas comunistas? Mucho, porque tienen en común los métodos terroristas, el fanatismo, el totalitarismo, la discriminación, la intolerancia, el odio visceral de los fascistas hacia aquellos que no profesan su religión o su ideología. Es un mismo mal de diferentes raíces, por eso se interrelacionan y apoyan, por eso Castro se arriesga a anunciar que Irán y Cuba juntos pondrán de rodilla a los Estados Unidos, por eso apoya a los narcoterroristas de las FARC aliado ahora con Chávez o a los terroristas palestinos, iraquíes o a los de ETA. Pero están solos en ese extremo violatorio y antihumano, porque ya empezamos a hablar de otro izquierdismo definido en la integración y el desarrollo de los nuevos tiempos, y eso quedó demostrado en el respaldo al espíritu empresarial desarrollado en la Cumbre. Este izquierdismo se distancia de las aventuras megalómanas del castro-chavismo y ésta es otra derrota para los Anticumbres.

En fin que en América la izquierda movilizó a su gente, a la gente hecha para el comunismo, con todas las aberraciones que implica este sistema ya colapsado aunque ensalzado por sus aberrantes fanáticos, esos que se resisten a la idea de dialogar, de tolerar; porque llevan arraigado entre la envidia y el despotismo, los ingredientes perversos que formulan el engendro del marxismo-leninismo.

El izquierdismo comunista parece resurgir de un pedazo de ese monstruo maléfico que en las películas de horror se cree exterminado. El espectador ya acostumbrado a estas escenas de fatales resurgimientos quisiera alertar del peligro; pero no puede, porque es sólo un espectador. Pero cuando estamos frente al monstruo tenemos la posibilidad de ser actores y entonces actuar con celeridad y eficacia para exterminar cualquier vestigio que signifique su resurgimiento.

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