El esnobismo y las telenovelas
Por Ismael Sambra
ismaelsambra@nuevaprensalibre.com
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La televisión es buena, pero muy peligrosa cuando se descuidan su papel
y su esencia. Yo no veo telenovelas porque todas me parecen lo mismo. Algunas
escenas las he podido monitorear, pero me aturde pensar que nos estén
tomando el pelo con esos triángulos amorosos anunciados desde los avances
de cada día, donde nada constructivo se anuncia, sino bajas pasiones;
donde la mujer discute al hombre y el hombre a la mujer con frases de fuerza,
odio y venganza: "él será mío de todas maneras"
o "ella será mía cueste lo que cueste", y el narrador
anuncia "el gancho" publicista: "¿con quién se
quedará finalmente...?" De esto se salvan algunas novelas brasileñas,
donde vemos ambientes y temas tratados con cierta responsabilidad. Imagino
la pena que sentirán los buenos actores frente a direcciones y libretos
viciados. Al parecer no hay opción.
Los latinos debemos ser más exigentes al consumir estos envilecedores
productos. Nos ofenden cuando sólo nos dan lo que "a algunos les
gusta" y no lo que "más nos conviene". Cuando vemos
la televisión debemos hacerlo ya con recelo; sobre todo si estamos
junto a nuestros hijos menores. Hoy día nos imponen desde los llamados
sexólogos, con sus embarazosas convocatorias al acto supremo, hasta
los hipócritas Walter Mercado, con sus disfraces y amaneramientos,
quien después del amañado Horóscopo besa a la que anuncia
como su novia.
En general es un mal común de la televisión de estos tiempos,
pero abundan mucho más en la televisión latina que casi siempre
es el resultado de una burda imitación de la televisión anglohablante.
Cuando veo un programa ya sea en inglés, en francés o en español
lo hago para entretenerme y para que me sirva de algo; para enriquecer mi
espíritu y no para degradarlo. Pero lamentablemente cada vez son menos
los programas educativos. El valor estético y el valor utilitario que
tiene toda creación artística, no deben estar jamás vedados
para los programas de televisión, incluyendo las telenovelas. Todo
lo contrario, la verdadera creación toma en cuenta estos valores para
obtener el resultado positivo que el espectador espera como parte integral
de la sociedad. Es importante mezclar bien para la buena obra, tal y como
mezclamos con absoluta responsabilidad los exactos ingredientes de una buena
comida que al final nos guste y nos alimente. Disfrutar y enriquecer es la
fórmula perfecta para todo.
En realidad sufro todo el tiempo viendo estos productos esteriotipados de
lo que pudo ser un buen programa. Pero abundan lamentablemente el esteriotipo,
las reiteraciones de escenas, la violencia, los desnudos gratuitos y el diálogo
estúpido que pudieran ser digeribles si se pusiera más cuidado
en el tiempo y en los requisitos indispensables que harían de la televisión
una mejor comida. A ese paso sólo estaremos disfrutando de los anuncios.
Las compañías pagan a la televisión para anunciar y vender
sus productos. En su mayoría estos anuncios nos sorprenden con la buena
dramaturgia, la síntesis lograda y el buen gusto. Casi siempre la mezcla
es perfecta, pues anuncian y nos divierten con su derroche de imaginación,
su excelente edición y cómicas situaciones. A este paso, los
programas tendrían que pagarles a los anunciantes para que mantengan
el espacio y no a la inversa, si contáramos con un público más
exigente.
El facilismo abunda. El facilismo nada construye y más bien destruye
la ética y la estética. ¿Y qué pasa con los Reality
shows, con los programas criticones, de chismes sobre la farándula
como El Gordo y la flaca, Escándalo TV, Cotorreando, etc.; y con esos
programas de premiaciones consumidos masivamente por los fanáticos
y el público en general. A ellos llegan toda clase de especimenes,
con gestos, frases y disfraces vulgarísimos. A éstos cada vez
más exacerbados excéntricos, hay que ponerles reglas o el punto
final, porque lamentablemente están imponiendo una moda, un gusto desatinado
y corrompido.
A Ivi Queen, la caballota del Reguetón, que por cierto habla muy mal
el español a pesar de ser de Puerto Rico (y el lenguaje es aquí
otro serio problema), la criticaron por aparecer tan elegantemente vestida
en el II Premio Juventud. Le dijeron que no estaba adecuada para esa ocasión.
Entonces vemos a los "críticos" vestidos con trajes y peinados
que ningún cuerdo se atrevería a usar. ¿Entonces para
ellos el sinónimo de juventud es desaliño, extravagancia e informalidad?
Están equivocados si es que quieren imponerle a nuestros jóvenes
en todo momento sus gustos, esos pantalones rotos en las rodillas, las gorras
puestas al revés y las camisas amarradas en lugar de abotonadas. Este
es el resultado cuando mezclamos moda con esnobismo. Pero lo triste de todo
es que muchos se presentan con estas fachas en la televisión y muchos
jóvenes se confunden y llegan a imitar. A esto hay que ponerle freno,
porque no se sabe a donde vamos a llegar con estos personajes que muestran,
con sus disfraces, mal gusto y pobreza de imaginación, siguiendo las
extravagancia de algunos que ya no saben que estupideces van a inventar para
parecer originales.
La televisión es un espejo, es un medio de difusión muy complejo;
y aunque no hablamos de censurar, pensamos que los productores y los responsables
de los programas, al menos, deben ser más cuidadosos a la hora de presentar
ciertas cosas; porque mucho daño irremediable pueden hacer. Y cuidado
con los mensajes subliminales que algunos oportunistas quieren colar frente
a las cámaras cuando usan pulóveres con fotos de terrorista
internacionales mistificados por los ignorantes y la izquierda comunista.
Pienso que estos productores no permitirían a un personaje, por muy
artista famoso que fuera, usar un pulóver con la foto de Hitler o de
Osama Bin Laden ante las cámaras. ¿Por qué entonces permitir
que algún confundido o desconocedor de la realidad exhiba un pulóver
con la foto del Che Guevara responsable de fusilamientos masivos y otros actos
terroristas en el mundo. Y cuidado con las frasecitas que llaman a la violencia,
frases abusivas en estas sociedades abiertas a la libre expresión.
Sabemos que tiene mucha fuerza subversiva una imagen disidente. Las dictaduras
marxistas-estalinistas que aún quedan lo saben, por eso extreman las
medidas y controlan los medios. Chávez sabe lo que esto significa,
por eso no tardará en confiscar Globovisión y otras difusoras
privadas. Precisamente estos individuos que exhiben pulóveres del Che
son los que defienden a Chávez y a sus iguales. ¡Envidiosos!
¡Desgenerados! Nosotros que trabajamos durante 18 años como actor,
director y guionista de la televisión cubana sabemos de lo que son
capaces de hacer los censores y funcionarios privilegiados de ese sistema,
ese sistema que quieren imponernos, si tomaran algún día el
poder, los mismos que aquí critican la democracia. Nosotros en esta
sociedad abierta a la libertad no pedimos la censura, sino la mesura, la sensatez,
la consciente responsabilidad frente al desparpajo mental que puede desencadenar
un mal manejo o el malintencionado manejo de los programas de televisión.
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