Editorial NPl
Edición 40


Enviar Artículo El esnobismo y las telenovelas
1 octubre 2005

Ismael Sambra
Por Ismael Sambra
ismaelsambra@nuevaprensalibre.com

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La televisión es buena, pero muy peligrosa cuando se descuidan su papel y su esencia. Yo no veo telenovelas porque todas me parecen lo mismo. Algunas escenas las he podido monitorear, pero me aturde pensar que nos estén tomando el pelo con esos triángulos amorosos anunciados desde los avances de cada día, donde nada constructivo se anuncia, sino bajas pasiones; donde la mujer discute al hombre y el hombre a la mujer con frases de fuerza, odio y venganza: "él será mío de todas maneras" o "ella será mía cueste lo que cueste", y el narrador anuncia "el gancho" publicista: "¿con quién se quedará finalmente...?" De esto se salvan algunas novelas brasileñas, donde vemos ambientes y temas tratados con cierta responsabilidad. Imagino la pena que sentirán los buenos actores frente a direcciones y libretos viciados. Al parecer no hay opción.

Los latinos debemos ser más exigentes al consumir estos envilecedores productos. Nos ofenden cuando sólo nos dan lo que "a algunos les gusta" y no lo que "más nos conviene". Cuando vemos la televisión debemos hacerlo ya con recelo; sobre todo si estamos junto a nuestros hijos menores. Hoy día nos imponen desde los llamados sexólogos, con sus embarazosas convocatorias al acto supremo, hasta los hipócritas Walter Mercado, con sus disfraces y amaneramientos, quien después del amañado Horóscopo besa a la que anuncia como su novia.

En general es un mal común de la televisión de estos tiempos, pero abundan mucho más en la televisión latina que casi siempre es el resultado de una burda imitación de la televisión anglohablante. Cuando veo un programa ya sea en inglés, en francés o en español lo hago para entretenerme y para que me sirva de algo; para enriquecer mi espíritu y no para degradarlo. Pero lamentablemente cada vez son menos los programas educativos. El valor estético y el valor utilitario que tiene toda creación artística, no deben estar jamás vedados para los programas de televisión, incluyendo las telenovelas. Todo lo contrario, la verdadera creación toma en cuenta estos valores para obtener el resultado positivo que el espectador espera como parte integral de la sociedad. Es importante mezclar bien para la buena obra, tal y como mezclamos con absoluta responsabilidad los exactos ingredientes de una buena comida que al final nos guste y nos alimente. Disfrutar y enriquecer es la fórmula perfecta para todo.

En realidad sufro todo el tiempo viendo estos productos esteriotipados de lo que pudo ser un buen programa. Pero abundan lamentablemente el esteriotipo, las reiteraciones de escenas, la violencia, los desnudos gratuitos y el diálogo estúpido que pudieran ser digeribles si se pusiera más cuidado en el tiempo y en los requisitos indispensables que harían de la televisión una mejor comida. A ese paso sólo estaremos disfrutando de los anuncios. Las compañías pagan a la televisión para anunciar y vender sus productos. En su mayoría estos anuncios nos sorprenden con la buena dramaturgia, la síntesis lograda y el buen gusto. Casi siempre la mezcla es perfecta, pues anuncian y nos divierten con su derroche de imaginación, su excelente edición y cómicas situaciones. A este paso, los programas tendrían que pagarles a los anunciantes para que mantengan el espacio y no a la inversa, si contáramos con un público más exigente.

El facilismo abunda. El facilismo nada construye y más bien destruye la ética y la estética. ¿Y qué pasa con los Reality shows, con los programas criticones, de chismes sobre la farándula como El Gordo y la flaca, Escándalo TV, Cotorreando, etc.; y con esos programas de premiaciones consumidos masivamente por los fanáticos y el público en general. A ellos llegan toda clase de especimenes, con gestos, frases y disfraces vulgarísimos. A éstos cada vez más exacerbados excéntricos, hay que ponerles reglas o el punto final, porque lamentablemente están imponiendo una moda, un gusto desatinado y corrompido.

A Ivi Queen, la caballota del Reguetón, que por cierto habla muy mal el español a pesar de ser de Puerto Rico (y el lenguaje es aquí otro serio problema), la criticaron por aparecer tan elegantemente vestida en el II Premio Juventud. Le dijeron que no estaba adecuada para esa ocasión. Entonces vemos a los "críticos" vestidos con trajes y peinados que ningún cuerdo se atrevería a usar. ¿Entonces para ellos el sinónimo de juventud es desaliño, extravagancia e informalidad? Están equivocados si es que quieren imponerle a nuestros jóvenes en todo momento sus gustos, esos pantalones rotos en las rodillas, las gorras puestas al revés y las camisas amarradas en lugar de abotonadas. Este es el resultado cuando mezclamos moda con esnobismo. Pero lo triste de todo es que muchos se presentan con estas fachas en la televisión y muchos jóvenes se confunden y llegan a imitar. A esto hay que ponerle freno, porque no se sabe a donde vamos a llegar con estos personajes que muestran, con sus disfraces, mal gusto y pobreza de imaginación, siguiendo las extravagancia de algunos que ya no saben que estupideces van a inventar para parecer originales.

La televisión es un espejo, es un medio de difusión muy complejo; y aunque no hablamos de censurar, pensamos que los productores y los responsables de los programas, al menos, deben ser más cuidadosos a la hora de presentar ciertas cosas; porque mucho daño irremediable pueden hacer. Y cuidado con los mensajes subliminales que algunos oportunistas quieren colar frente a las cámaras cuando usan pulóveres con fotos de terrorista internacionales mistificados por los ignorantes y la izquierda comunista.

Pienso que estos productores no permitirían a un personaje, por muy artista famoso que fuera, usar un pulóver con la foto de Hitler o de Osama Bin Laden ante las cámaras. ¿Por qué entonces permitir que algún confundido o desconocedor de la realidad exhiba un pulóver con la foto del Che Guevara responsable de fusilamientos masivos y otros actos terroristas en el mundo. Y cuidado con las frasecitas que llaman a la violencia, frases abusivas en estas sociedades abiertas a la libre expresión. Sabemos que tiene mucha fuerza subversiva una imagen disidente. Las dictaduras marxistas-estalinistas que aún quedan lo saben, por eso extreman las medidas y controlan los medios. Chávez sabe lo que esto significa, por eso no tardará en confiscar Globovisión y otras difusoras privadas. Precisamente estos individuos que exhiben pulóveres del Che son los que defienden a Chávez y a sus iguales. ¡Envidiosos! ¡Desgenerados! Nosotros que trabajamos durante 18 años como actor, director y guionista de la televisión cubana sabemos de lo que son capaces de hacer los censores y funcionarios privilegiados de ese sistema, ese sistema que quieren imponernos, si tomaran algún día el poder, los mismos que aquí critican la democracia. Nosotros en esta sociedad abierta a la libertad no pedimos la censura, sino la mesura, la sensatez, la consciente responsabilidad frente al desparpajo mental que puede desencadenar un mal manejo o el malintencionado manejo de los programas de televisión.

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