Editorial NPL
Edición 21

Enviar Artículo Navidades libres en Canadá
17 de diciembre 2004

Ismael Sambra
Por Ismael Sambra
ismaelsambra@nuevaprensalibre.com

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Cuando llegué a Canadá, llegó junto conmigo mi esperanza. Canadá estaba entre mis países soñados. Como la Libertad estaba prohibida en mi país, donde hasta las tradiciones de la Navidad fueron eliminadas, yo soñaba con encontrarla algún día. Conocer otras tierras, otras culturas, era imposible; pues vivíamos en una isla y bajo un sistema que prohibía viajar. Por eso muchos la llamaban la isla-cárcel. Sabía que la Libertad existía por las lecturas clandestinas que realizaba sobre otros países que la defendían y la promulgaban como bandera para la vida. Estos y otros motivos me empujaron a la rebelión, a luchar en mi país para conquistarla.

Canadá superó nuestras expectativas. La práctica vivida superó nuestros sueños. Era como volver a nacer. Canadá nos dio la posibilidad, a mí y a mi familia, de poder empezar de nuevo nuestras vidas. Llegamos sin nada, porque en mi país el gobierno confisca todas las propiedades a los que deciden emigrar, y nos llaman apátridas. Y falso, porque "cuando los pueblos emigran, los gobiernos sobran". Llegamos sin nada y todo fue llegando poco a poco, porque trabajábamos con fe y estábamos inspirados en otro pensamiento de José Martí que es como la clave de todo: "Nada tiene porque nada desea. No trabaja por su bienestar porque no quiere hogar más amoroso, lecho más blando, vestido más valioso, mesa mejor provista que las que tiene ya. El hombre inteligente está dormido en el fondo de otro hombre bestial."

"Trabajo" es la palabra clave junto al "deseo de tener" una mejor vida. El trabajo es la fuente de riquezas más segura que tiene el hombre. Y junto al trabajo está el deseo de trabajar para prosperar, está la voluntad de hacer realidad los sueños.
Este pensamiento martiano podría servir de guía para muchos, incluso para aquellos que creen que con la limosna ayudan a mejorar la vida del mendigo; sin embargo, lo que hacen es ayudar a que persista este mal en aquellos que realizan el triste oficio de vivir del trabajo de los demás. Si quieren ayudar no busquen al hombre supuestamente necesitado, busquen a la institución que lo representa y educa. El acto de la limosna por sí misma pervierte al "limosnero" que ve en la limosna una fácil manera de sobrevivir.

Al principio caímos en este error por el sentido de compasión que muchos tenemos frente a la imagen de la miseria ajena, y me preguntaba cuál era la razón que movía a la limosna en un país con tanta prosperidad, bienestar social y abundancia de todo. Un día una mujer me abordó para pedirme dinero. Me dijo que tenía cinco hijos y que no tenía cómo alimentarlos. Se veía saludable. Le dije que podía ayudarla consiguiéndole un trabajo en la compañía de limpieza de unos amigos colombianos y que podía ganar hasta 9 dólares la hora. La mujer se mostró agresiva y me viró la espalda; pero siguió llevándoles su cuento a otros. Me puse a observarla y vi cómo algunos le daban finalmente dinero, y según mis cálculos pudo haber recolectado en pocos minutos unos veinte dólares. Otro día frente a la Estación del Subway un hombre me pidió dos dólares para coger El Metro. Varias horas después regresé por el mismo lugar y el mismo hombre me pidió dos dólares sin recordar que ya me había mordido. Entonces le pregunté que si el dinero era para coger El Metro a para viajar en avión a Nueva York. El hombre se echó a reír en mi propia cara y me esquivó con indiferencia. Entonces me sentí miserablemente estafado.

A diferencia de la isla-cárcel, donde los mendigos son llevados a prisión para limpiar la imagen de la ciudad y del propio sistema que ellos llaman comunismo, en Canadá el oficio de mendigo es respetado, y hasta protegido como derecho del individuo a hacer de su vida lo que le venga en ganas. Incluso existen programas estatales que dan dinero y albergue a esos que aquí le llaman Homeless. Pero la mayoría lo usan para sus borracheras y regresan a su "oficio". Pienso que los dos extremos son malos (el de la cárcel y el de la sobreprotección), y que debemos buscar un punto medio para solucionar el problema.

La solución no la busquen con el regalo del pan que calma momentáneamente el hambre. La solución está en educar y en la voluntad de aprender a producir el pan. Asombrosamente la mayoría de estos "mendigos" son gentes nacidas en el país, que supuestamente deberían aportar al desarrollo de su sociedad. Pero a diferencia del inmigrante, que llega con deseos de prosperar y de hacer cualquier trabajo para lograrlo, estos individuos prefieren que los demás hagan por ellos lo que ellos no quieren hacer para sí mismos. "Nada tiene porque nada desea..."

Y es que veo que algunos naturales del país aprecian muy poco la Libertad que tienen. Sin embargo, los que procedemos de países dominados por regímenes dictatoriales, valoramos todo mucho mejor. Es lógico, porque ama más la libertad aquel que fue privado de ella. Las libertades religiosas, económicas, civiles y políticas fueron nuestros sueños. Así lo dije finalmente en un poema: ¡Oh, Libertad, dondequiera que te escondan te ha de encontrar mi mano amiga!

Por eso hoy, en estas navidades libres, cuando celebramos un nuevo aniversario de la llegada de Jesús, que hizo todo y no le alcanzó la vida para educarnos, que multiplicó el pan y fue crucificado por los mismos que lo recibieron, que en el umbral de la muerte pidió perdón para los desagradecidos, queremos felicitar y agradecer a la comunidad latina por su esfuerzo, por su trabajo, por los sueños y los logros alcanzados en este país de libertad merecida por haber sido plenamente conquistada. Queremos también felicitar y, sobre todo, agradecer (porque éste debe ser siempre nuestro lema: vivir para agradecer) a todas aquellas personas que nos guiaron, que más que un pedazo de pan, nos dieron todo el pan, porque nos enseñaron con suprema bondad a producirlo.

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