El triunfo de vivir en democracia
16 de octubre 2004
Por Ismael Sambra
ismaelsambra@nuevaprensalibre.com
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El miércoles 13 se dio el tercer y último
debate de los candidatos a la presidencia de los Estados Unidos y fue transmitido
por la televisión para más de 60 millones de espectadores.
Sin dudas un espectáculo dinámico y sin precedentes. Sin dudas
un triunfo más de los valores de la libertad y la democracia. Críticas
agudas, puntos de vistas totalmente diferentes salieron al conocimiento
público.
Al final ambos se estrecharon las manos y se cruzaron saludos con sus familiares,
pese a las frases agresivas y pese a estar aún muchas cosas en juego,
pues no son enemigos personales, sino candidatos de partidos opuestos; es
decir contendientes políticos. ¡Qué maravilla! José
Martí, apasionado devoto de la democracia estadounidense, hubiera
estado feliz ante la significativa muestra de "libertad política"
que siempre quiso para su pueblo y que definiera como "uno de los grandes
triunfos del siglo XIX" en los Estados Unidos, al cual calificara en
sus escritos como, "el país más libre de la tierra",
"la casa hospitalaria de los oprimidos", "la morada misma
de la libertad".
Los espectadores guardaron siempre respetuoso silencio, aun en los momentos
más dramáticos del debate, porque así lo requerían
las normas, porque el escenario no era un ring de boxeo aunque mucho se
le pareciera, porque en el encuentro los dos candidatos querían ser
ganadores de la singular pelea.
El actual presidente se portaba como uno más, sin la arrogancia que
vemos en los presidentes vitalicios de los regímenes comunistas,
sin los mitos orientados al "culto de la personalidad" de sus
líderes, creados por los propios líderes para su gloria personal
y manejo abusivo de las masas. El actual presidente respondía con
sencillez a las preguntas, se defendía y atacaba con fervor para
respaldar su política y su intención de pedirles por favor
a los ciudadanos su confianza, su voto para la reelección. Era un
obrero más que rendía cuenta de su trabajo, de su gestión,
ante el jefe: el pueblo. Eso se llama poder del voto, es decir poder del
pueblo. Su adversario hacia lo mismo, pero con un objetivo diferente, el
de ganarle el puesto a su rival, tratando de convencer con su curriculum
y su proyecto para que le dieran a él el honor del riesgoso empleo
de dirigir los destinos de una nación en guerra, y en este caso,
de la nación más rica y poderosa del planeta, catalogada como
enemigo número uno por los envidiosos, los comunistas y los terroristas.
Nada fácil será para el votante a la hora de elegir entre
su simpatía por el ganador del debate televisivo y el verdadero jefe
militar capaz de garantizarle su defensa y seguridad, nada fácil,
porque muchas veces no coinciden estos importantes elementos en una sola
persona, nada fácil será a la hora de elegir cual de los dos
verdaderamente puede hacer más por la prosperidad y tranquilidad
de un país como Estados Unidos tan amenazado y agredido por sus enemigos
de adentro y de afuera.
Para los votantes con ideologías definidas no será mucho problema,
porque los que tienen elegido su bando siguen a su candidato aunque lo hayan
visto perder en esa singular batalla. Sobre todo si se trata de candidatos
fanatizados con la izquierda comunista empecinados en alcanzar el poder
por cualquier medio, hasta el violento, y ahora con las nuevas estrategias
aprovechando las elecciones libre y "las debilidades" de La Democracia
que después intentarán destruir para eternizarse en el poder,
tal y como intentan los Chávez y sus similares en América.
Esa confrontación parece inevitable, porque como dijo Martí
"los hombres van en dos bandos: los que aman y fundan y los que odian
y deshacen". Afortunadamente siempre son más los que enaltecen
La Libertad que los que la destruyen.
Pero el problema está en los llamados "votantes indecisos",
esos que no tienen ideología, esos que se mueven para donde bate
el viento, esos que les gustan las apariencias, los cuentos chinos, esos
que se fijan más en el fenómeno que en la esencia. Y, cuidado,
porque estos seres pueden ser muy dañinos a la hora de calibrar y
determinar una mayoría. Un voto electoral debe asumirse con valor,
con conciencia, con entera responsabilidad social, porque de lo contrario
podría revertirse en nuestras propias vidas. Un voto electoral no
es una simple expresión de gusto entre dos buenas películas.
Hay medidas que pueden resultar impopulares, pero que son necesarias. Un
verdadero presidente trabaja para lo real y no para lo más popular.
Después del 11 de septiembre, la doctrina Bush de atacar antes de
que nos ataquen, va dando sus resultados positivos, pero también
sus elementos negativos. Kerry desde la oposición se vale de los
lados negativos para sumar simpatizantes y promete programas que lógicamente
no cumpliría por haber votado muchas veces en contra de éstos
en El Senado. Es algo que nos disgusta, porque nos recuerdan a Castro cuando
prometió igualdad, justicia, pan y libertad para los pobres y los
oprimidos y después de consolidarse en el poder, lejos de cumplir,
le importa un bledo que una suma de prestigiosas organizaciones internacionales
lo consideren en la listas de los diez peores dictadores del mundo. Esos
discursos gastados de sorprendentes candidatos ya huelen muy mal y en estos
casos hay que tener muy en cuenta, a la hora de votar, la trayectoria del
elegible que hace promesas para cazar votantes; es decir, ingenuas víctimas
del anunciado engaño.
El tema de la guerra y el terrorismo fue siempre tema principal y Bush ha
dicho que "el mejor modo de luchar contra el terrorismo es llevando
la libertad y la democracia a los países que no la tienen".
Ya se recogen los primeros frutos en Afganistán que ha tenido las
primeras elecciones libres de la historia, También Iraq va camino
a ello y sin dudas lo logrará. Por supuesto que estos anuncios y
hechos concretos preocupan mucho a los tiranos y sus lacayos que aún
quedan. Por eso se han declarado anti-Bush, por eso Fidel Castro y el Partido
Comunista en USA hablan de sus "diez razones" para respaldar y
para votar por Kerry. ¡Qué oportunismo! ¡Qué cinismo!
A nosotros nos parece maravillosa la idea de acabar con los tiranos, porque
sabemos lo que se sufre bajo su régimen. Ya hemos dicho que aunque
no se hallan encontrado nuevas armas de destrucción masiva en Iraq,
el mundo está mucho mejor sin Sadam Husein, porque los tiranos son
verdaderas armas de destrucción masiva contra los pueblos. El Ministerio
de Derechos Humanos de Iraq ha identificado 40 fosas comunes creadas en
la época de Sadam y entre éstas una aparecida hace pocos días
con cadáveres de mujeres embarazadas y niños. Se estima que
cerca de 300.000 personas fueron asesinadas bajo su gobierno. Y esto no
se puede ignorar por nadie y menos por un juego electoral partidista que
trata de desacreditar al jefe militar de la nación más democrática
del planeta que indicó a Sadam Husein como objetivo.
¡Claro que el mundo está mucho mejor ahora, después
del derrumbe de tantos tiranos! La libertad tiene su precio, y no debemos
escatimar recursos a la hora de pagarlo. La Libertad -como dijo Martí-
tiene "un don divino que lo transforma todo".
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