Editorial NPL
Edición 17

Enviar Artículo El triunfo de vivir en democracia
16 de octubre 2004

Ismael Sambra
Por Ismael Sambra
ismaelsambra@nuevaprensalibre.com

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El miércoles 13 se dio el tercer y último debate de los candidatos a la presidencia de los Estados Unidos y fue transmitido por la televisión para más de 60 millones de espectadores. Sin dudas un espectáculo dinámico y sin precedentes. Sin dudas un triunfo más de los valores de la libertad y la democracia. Críticas agudas, puntos de vistas totalmente diferentes salieron al conocimiento público.

Al final ambos se estrecharon las manos y se cruzaron saludos con sus familiares, pese a las frases agresivas y pese a estar aún muchas cosas en juego, pues no son enemigos personales, sino candidatos de partidos opuestos; es decir contendientes políticos. ¡Qué maravilla! José Martí, apasionado devoto de la democracia estadounidense, hubiera estado feliz ante la significativa muestra de "libertad política" que siempre quiso para su pueblo y que definiera como "uno de los grandes triunfos del siglo XIX" en los Estados Unidos, al cual calificara en sus escritos como, "el país más libre de la tierra", "la casa hospitalaria de los oprimidos", "la morada misma de la libertad".
Los espectadores guardaron siempre respetuoso silencio, aun en los momentos más dramáticos del debate, porque así lo requerían las normas, porque el escenario no era un ring de boxeo aunque mucho se le pareciera, porque en el encuentro los dos candidatos querían ser ganadores de la singular pelea.

El actual presidente se portaba como uno más, sin la arrogancia que vemos en los presidentes vitalicios de los regímenes comunistas, sin los mitos orientados al "culto de la personalidad" de sus líderes, creados por los propios líderes para su gloria personal y manejo abusivo de las masas. El actual presidente respondía con sencillez a las preguntas, se defendía y atacaba con fervor para respaldar su política y su intención de pedirles por favor a los ciudadanos su confianza, su voto para la reelección. Era un obrero más que rendía cuenta de su trabajo, de su gestión, ante el jefe: el pueblo. Eso se llama poder del voto, es decir poder del pueblo. Su adversario hacia lo mismo, pero con un objetivo diferente, el de ganarle el puesto a su rival, tratando de convencer con su curriculum y su proyecto para que le dieran a él el honor del riesgoso empleo de dirigir los destinos de una nación en guerra, y en este caso, de la nación más rica y poderosa del planeta, catalogada como enemigo número uno por los envidiosos, los comunistas y los terroristas.

Nada fácil será para el votante a la hora de elegir entre su simpatía por el ganador del debate televisivo y el verdadero jefe militar capaz de garantizarle su defensa y seguridad, nada fácil, porque muchas veces no coinciden estos importantes elementos en una sola persona, nada fácil será a la hora de elegir cual de los dos verdaderamente puede hacer más por la prosperidad y tranquilidad de un país como Estados Unidos tan amenazado y agredido por sus enemigos de adentro y de afuera.

Para los votantes con ideologías definidas no será mucho problema, porque los que tienen elegido su bando siguen a su candidato aunque lo hayan visto perder en esa singular batalla. Sobre todo si se trata de candidatos fanatizados con la izquierda comunista empecinados en alcanzar el poder por cualquier medio, hasta el violento, y ahora con las nuevas estrategias aprovechando las elecciones libre y "las debilidades" de La Democracia que después intentarán destruir para eternizarse en el poder, tal y como intentan los Chávez y sus similares en América. Esa confrontación parece inevitable, porque como dijo Martí "los hombres van en dos bandos: los que aman y fundan y los que odian y deshacen". Afortunadamente siempre son más los que enaltecen La Libertad que los que la destruyen.

Pero el problema está en los llamados "votantes indecisos", esos que no tienen ideología, esos que se mueven para donde bate el viento, esos que les gustan las apariencias, los cuentos chinos, esos que se fijan más en el fenómeno que en la esencia. Y, cuidado, porque estos seres pueden ser muy dañinos a la hora de calibrar y determinar una mayoría. Un voto electoral debe asumirse con valor, con conciencia, con entera responsabilidad social, porque de lo contrario podría revertirse en nuestras propias vidas. Un voto electoral no es una simple expresión de gusto entre dos buenas películas.

Hay medidas que pueden resultar impopulares, pero que son necesarias. Un verdadero presidente trabaja para lo real y no para lo más popular. Después del 11 de septiembre, la doctrina Bush de atacar antes de que nos ataquen, va dando sus resultados positivos, pero también sus elementos negativos. Kerry desde la oposición se vale de los lados negativos para sumar simpatizantes y promete programas que lógicamente no cumpliría por haber votado muchas veces en contra de éstos en El Senado. Es algo que nos disgusta, porque nos recuerdan a Castro cuando prometió igualdad, justicia, pan y libertad para los pobres y los oprimidos y después de consolidarse en el poder, lejos de cumplir, le importa un bledo que una suma de prestigiosas organizaciones internacionales lo consideren en la listas de los diez peores dictadores del mundo. Esos discursos gastados de sorprendentes candidatos ya huelen muy mal y en estos casos hay que tener muy en cuenta, a la hora de votar, la trayectoria del elegible que hace promesas para cazar votantes; es decir, ingenuas víctimas del anunciado engaño.

El tema de la guerra y el terrorismo fue siempre tema principal y Bush ha dicho que "el mejor modo de luchar contra el terrorismo es llevando la libertad y la democracia a los países que no la tienen". Ya se recogen los primeros frutos en Afganistán que ha tenido las primeras elecciones libres de la historia, También Iraq va camino a ello y sin dudas lo logrará. Por supuesto que estos anuncios y hechos concretos preocupan mucho a los tiranos y sus lacayos que aún quedan. Por eso se han declarado anti-Bush, por eso Fidel Castro y el Partido Comunista en USA hablan de sus "diez razones" para respaldar y para votar por Kerry. ¡Qué oportunismo! ¡Qué cinismo!

A nosotros nos parece maravillosa la idea de acabar con los tiranos, porque sabemos lo que se sufre bajo su régimen. Ya hemos dicho que aunque no se hallan encontrado nuevas armas de destrucción masiva en Iraq, el mundo está mucho mejor sin Sadam Husein, porque los tiranos son verdaderas armas de destrucción masiva contra los pueblos. El Ministerio de Derechos Humanos de Iraq ha identificado 40 fosas comunes creadas en la época de Sadam y entre éstas una aparecida hace pocos días con cadáveres de mujeres embarazadas y niños. Se estima que cerca de 300.000 personas fueron asesinadas bajo su gobierno. Y esto no se puede ignorar por nadie y menos por un juego electoral partidista que trata de desacreditar al jefe militar de la nación más democrática del planeta que indicó a Sadam Husein como objetivo. 

¡Claro que el mundo está mucho mejor ahora, después del derrumbe de tantos tiranos! La libertad tiene su precio, y no debemos escatimar recursos a la hora de pagarlo. La Libertad -como dijo Martí- tiene "un don divino que lo transforma todo".

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