Editorial NPL
Edición 15


Enviar Artículo Respetemos el dolor de la nación
17 de septimbre 2004

Ismael Sambra
Por Ismael Sambra
ismaelsambra@nuevaprensalibre.com

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Estados Unidos de América fue el objetivo. Y han pasado tres años de aquel trágico 11 de septiembre en que perdieron la vida más de tres mil ciudadanos. Los medios masivos lo han recordado como el mayor acto terrorista de la historia, con el dolor que causan los actos injustos.
Testimonios y dramatizaciones aparecieron en programas especiales, porque es imposible olvidar tanta tragedia. Sin embargo, también vimos escritos y reportajes con mensajes subliminales, con ironías y venenos colados. ¿Por qué? Lamentablemente esto hace más profunda la herida, porque no se pueden hacer leñas del dolor del pueblo.

La CNN aprovechaba para intercalar ideas del fracaso de una guerra bajo el siguiente titular: "Cascadas de atentados en Irak" y comentarios sobre niños que mueren bajo el bombardeo; pero nada sobre los niños que son adiestrados como bombas y mandados a la muerte, de los que son víctimas de los ataques terroristas. ¿Por qué? De esto sólo dan la fría noticia y, por el contrario, abundan en los reportajes y entrevistas a los que repiten como papagayos "no a la guerra" como si Estados Unidos la hubiera declarado. ¿Pero quién o quiénes quieren la guerra?

Esto se ha convertido en una lucha contra enemigos y traidores y esto la hace más dura. Es la envidia y el odio desbordados de los de adentro y de los de afuera; porque TV Azteca, después de hacer un resumen de las acciones de los terroristas en ese histórico día, terminó dicendo: "11 de septiembre del 2001, a sangre y fuego el gigante se colapsa".  

¿Pero cómo hacer para que los terroristas y sus aclamadores directos e indirectos entiendan que los fines no justifican los medios? ¿Acaso serviría el diálogo? El terrorismo ya es una epidemia bien difícil de eliminar y cualquiera puede ser su víctima. Hasta países como Canada, que se han mantenido al margen, pueden verse de pronto convulcionados ante el chantaje de los terroristas. La indiferencia siempre resulta más cara. ¿Por qué esperar a ser el próximo? Algunos grupos practican el terror por puro odio a nuestra cultura, por el odio racial, religioso o político, y otros, como los etarras, los palestinos o los chechenos, le suman la idea de la independencia. ¿Pero a qué precio? ¿Con cuáles métodos?

Parece que quedaron en el pasado, las guerras civilizadas que protagonizaron nuestros héroes independentistas frente a la colonización europea. Guerras contra los ejércitos que sustentaban el poder de la colonia. Guerras necesarias contra los tiranos que socavaron la libertad de los pueblos. Pero, ¿qué ocurre hoy día, qué ha cambiado en la conciencia humana, qué les hace ver la lucha de diferente manera hasta convertirla en algo degradante y perjucial hasta para los ideales del grupo que la alienta, tal y como sucede con las veteranas guerrillas colombianas? Porque a causa de sus acciones narco-terroristas se han ganado el repudio del pueblo. ¿Qué es esto de hacer supuestas guerras de liberación secuestrando y asesinando inocentes, cultivando y traficando drogas? ¿A quiénes pretenden convencer estos adictos cuando se autodenominan ejércitos de liberación nacional? ¿Liberación de qué? ¿Qué futuro prometen estos enemigos comunes de la humanidad? ¿El mundo corrupto y totalitario de los comunistas?

Nunca se ha visto una guerra más sucia de liberación que ésta de los atentados de ETA o la de los palestinos donde se preparan a niños y jóvenes para que se revienten las tripas en medio de multitudes pacíficas o ésa que los secuestran dentro de las escuelas y amenazan con matarlos si no se aceptan los reclamos, tal y como acaba de suceder en Rusia.

Parece un estilo de estos tiempos cobrarle víctimas a los pueblos, a los países democráticos donde cada ser humano cuenta como una pieza importante y digna. Ese es el objetivo terrorista. La masacre de inocentes se ha convertido hasta en un modo de hacer política, al extremo de lograr cambiar el curso de procesos electorales como ocurrió en España y como se teme que suceda ahora en los Estados Unidos.

Entonces indigna ver a grupos izquierdistas diciendo "no a la guerra" sin siquiera portar una frase de condena al terrorismo. Respeten, al menos, el dolor de la nación ante la inocencia de sus muertos. Disfracen, al menos un poco, sus perversas intenciones. No queda otro camino que entender nuestro sacrificio. No queda otro camino que la unión para enfrentar el terror. No queda otro camino que la acción decidida de los gobiernos que garanticen la seguridad de sus pueblos.

Los que critican a Estados Unidos por llevar la guerra a las madrigueras de estos fanáticos sin escrúpulos adueñados de armas y falsos ideales, podrán también empezar a criticar a Rusia por haber decidido lo mismo después de sufrir en carne propia la tragedia terrorista.

Nos hemos ganado el legítimo derecho de defendernos atacando, acorralando y condenando a los culpables. Porque en estos tiempos de terror y muerte no podemos sentarnos en la puerta de nuestra casa a esperar que pase el cadáver del enemigo. Hay que tomar la iniciativa de buscar, aun bajo los disfraces y donde quiera que se encuentren, a estos potenciales asesinos de la democracia, la libertad y la paz de nuestros pueblos.

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