¿Hasta dónde
habrá que tolerar al atrevido?
Por Ismael Sambra
ismaelsambra@nuevaprensalibre.com
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Muchos, demasiados son los acontecimientos lamentables para un solo Verano
cuando de atentados a la libertad, a la democracia y a la dignidad se trata.
México por un lado, España por otro, la Unión Europea,
Estados Unidos, El Salvador, Urugüay... y ahora Panamá, entran
en la lista de los países y gobiernos insultados por el más
viejo dictador del hemisferio, el cual en el colmo de su atrevimiento confesó
haber exportado su guerra terrorista a la mayoría de los países
de América para ensangrentarlos y enlutarlos.
De los títulos que intenté ponerle a esta tragicomedia americana
de más de cuatro décadas de duración, me quedé
con éste: Escándalos de un patriarca en su Otoño, en
homenaje a su protagonista indiscutible: Fidel Castro.
Este déspota ataca cuando los gobiernos y los países no hacen
lo que a él le viene en gana. A él no le importa fajarse con
el mundo entero, porque en definitiva el pueblo paga y la miseria es su
estrategia de gobierno. Además sabe que los que le quitan unos se
lo dan otros hasta concientemente y que sus enemigos nunca se pondrán
de acuerdo en eso de unirse para eliminarlo, porque los intereses y los
asuntos económicos son demasiado importantes en ese mundillo raro
de negocios capitalistas que le vende provisiones hasta al diablo aunque
sepan que nunca les va a terminar de pagar, porque además lo ha dicho
descaradamente: "las deudas son impagables."
Así México, después de haber sido reiteradamente vapuleado
y ofendido rompe relaciones, aunque luego las restablece casi de inmediato.
Y no nos asombremos, pues en España ya el nuevo gobierno habla de
reanudar el diálogo y propone a la Comunidad Europea que lo haga.
Incluso en Estados Unidos, hay sectores que piden establecer las conversaciones
para romper el hielo del bloqueo, y todo esto pese a los insultos, pese
a los presos políticos, a los fusilamientos, a las reiteradas violaciones
de los derechos humanos del escandaloso dictador.
¡Qué manera de creerse este personaje histriónico que
todos tienen que soportar sus destemplanzas! ¡Qué manera de
ofender, de exigir, de insultar hasta decirle a todo un grupo de países
"lame botas de los Estados Unidos"! ¡Qué manera de
que muchos miren hasta con cierta indiferencia y quizás temor las
bravuconadas del déspota que se cree dueño del mundo, que
se cree que todos tienen que pedirle permiso para actuar. Si lo soñó
se lo creyó y como tal actúa. O mejor dicho, si actúa
así es porque el mundo democrático y la hipocresía
política se lo permiten. Y esto es un mal ejemplo para la estabilidad,
porque si éste, que no tiene un centavo para chantajear lo hace,
qué no será capaz de hacer su discípulo Hugo Chávez
con una Venezuela como quinto exportador mundial de petróleo. Allá
llegaremos y no os asombreis de nada.
Es increíble, incomprensible, inaudito y por eso duele más.
Señores presidentes, señores amantes de la libertad y la democracia,
entiéndanlo de una vez: no se puede gobernar sólo para su
tiempo de mandato sino también para los elegidos del después;
no se puede dialogar ni con el estafador, ni con el violador, ni con el
asesino que quiere poder.
Al menos la presidenta Mireya Moscoso es de los que saben esto y se paró
firme frente al chantaje de Castro y su amenaza de romper relaciones para
tratar de frenarla en su intención de indultar a los cuatro anticastrista
enjuiciados en Panamá. Sin embargo, pelearse con el deudor implica
perder el cobro de la deuda y ese también es el escudo de este avieso
personaje que ha visto pasar a presidentes que lo han condenado y a sucesores
de éstos que lo han aplaudido.
Sí, mientras el dictador fustiga a su antojo a los que disienten
de su política dentro y fuera del país, muchos demócratas
hablan de relaciones, de ayuda, de reconciliación, de diálogo
con el enemigo en detrimento de la defensa moral del capitalismo. Pero ¿qué
insensatez es ésa de darle la mano a nuestro verdugo? Por eso los
cataloga de blandengues y timoratos, de sistema condenado a desaparecer
frente al terror, la intolerancia y la intransigencia comunista.
Señores presidentes, no sean tan pendejos. No usen el lenguaje académico
de la diplomacia frente al lenguaje chanchullero del dictador y sus más
fieles lacayos. No se dejen embaucar y chantajear. Hagan uso de sus armas,
al menos de ésas enraizadas en la dignidad y el coraje de los héroes
que murieron defendiendo la libertad y la independencia del país
que ustedes representan.
Aprendan de esos que sí le han "cantado las cuarenta" al
atrevido, como hizo el presidente de El Salvador Francisco Flores en plena
X Cumbre Iberoamericana, donde el déspota firmó acuerdos de
respeto a la libertad y a los derechos humanos para luego hacer todo lo
contrario. También tuvimos a un Carlos Menen en Argentina respondiéndole
de frente tal y como recién lo hizo la presidenta Mireya Moscoso
en Panamá. Aunque esto parece el cuento de nunca acabar, porque el
nuevo gobierno panameño ya habla de volver a las normales relaciones
con el sátrapa caribeño. Y de eso se aprovecha también
el malandrín para seguir con la guapería en ese jueguito de
rompe y empata contra la paciencia de los hombres dignos y las tonterías
de los que lo toleran pero no lo tragan.
Mientras los pueblos sufren las consecuencias, estos tontos dicen que eso
es así, que así es la política y la diplomacia y de
esto se ceba el verdugo y desde esto es que comienza la gran equivocación.
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