Editorial NPL
Edición 13


Enviar Artículo Venezuela frente a su nueva batalla
16 de agosto 2004

Ismael Sambra
Por Ismael Sambra
ismaelsambra@nuevaprensalibre.com

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He estado siguiendo paso a paso el proceso electoral venezolano a través de la televisión satelital que en todo momento hizo una excelente cobertura del maratónico evento. A pesar de los retrasos, de las manipulaciones, de las violaciones a las reglas y leyes acordadas; a pesar de procesos quizás deliberados para sabotear el sufragio; a pesar de las largas colas y muchas horas de espera, los

venezolanos determinaron permanecer hasta el final y emitir su voto en el referendo que a disgusto fue aceptado por Hugo Chávez gracias a la presión de la oposición y al pueblo.

Pude ver las caras de decenas de votantes que, durante toda la jornada y, sobre todo, al final de la jornada, fueron entrevistados por los periodistas. Pude ver que sus expresiones denotaban el optimismo característico de los que piensan sobre todo en la libertad, pues aunque su voto debía ser secreto, parecían expresar su opción por el Sí, porque cuando les preguntaban por qué se mantenían en la cola, respondían sonrientes: "estaré hasta el final por la libertad y el futuro de Venezuela".

El júbilo de la mayoría del pueblo que quería libertad, paz y democracia era notorio en una jornada agotadora que en general fue pacífica y ha sido histórica ya por diferentes razones, sobre todo en eso de ver la dignidad de un pueblo volcado en las urnas para expresarse. Esto es hermoso verlo y hubiera sido más hermoso de haberse finalizado exponiendo resultados con la necesaria credibilidad y transparencia que exigía el momento. Pero esto falló.

A pesar de que muchos analistas y periodistas habían alertando sobre los posibles fraudes y sobre las ineficiencias de las máquinas computarizadoras y su sorpresiva inclusión a propuestas del gobierno; a pesar de las dudas sobre la honestidad de los tres rectores que representaban al oficialismo en el CNE y sobre su transparencia en el proceso que les tocaba liderar, se seguía confiando en que todo saldría bien, pues se contaría con la fiscalización de los observadores internacionales y con la presencia de la oposición a la hora de emitir un resultado final. Pero esto no ocurrió.

De entrada resultó muy sospechoso que el Consejo Nacional Electoral no previera la masividad de los votantes y tuvieron que hacerse dos prórrogas hasta las 12 pm, para procurar que todos votaran. Sin embargo, sorpresivamente, sobre las cuatro de la madrugada del día lunes y sin haber recibido aún la totalidad de las actas y aún sin haber terminado las votaciones en algunos centros, el señor Carrasqueño presidente del CNE, declaró a los medios un resultado preliminar que expresaba que el No (para mantener a Hugo Chávez en el poder) había acumulado el 58,25 % de las votaciones y el Sí (para sacarlo) había acumulado el 41,74 %; es decir, que el Sí sólo había obtenido 3, 576, 517 votos, increiblemente menos de la cantidad de votos que se habían obtenido para conseguir que se llevara a cabo el referendo. Y esto "es insólito, inadmisible, casi desvergonzado... es un descaro", expresó el vocero de la Coordinadora Democrática Henry Ramos quien rachazó de inmediato el resultado y demandó contabilizar los comprobantes depositados en las urnas.

Por otro lado, la organización Súmate declaró que "tiene serias dudas sobre la veracidad del proceso" y tanto Carter como Gaviria expresaron que no tuvieron acceso a la sala de contabilización de los votos donde tampoco permitieron entrar a los técnicos de la oposición. Entonces, ¿a qué fueron a Venezuela estos dignatarios si ni siquiera han sido capaces de exigir que se atienda a los reclamos de inconformidad antes de dar un resultado definitivo? Esto defrauda a los electores que tenían la esperanza de que por medios pacíficos el país podría salir de su crisis política; y esto ha sido un golpe terrible para los venezolanos y para el mundo democrático que siempre está a la espera de la legalidad y la transparencia frente a procesos refrendarios como éste donde se juega la estabilidad y la vida de un pueblo.

Siempre dije que Chávez no dejaría el poder tan fácilmente, el poder que intentó tomar primeramente por la fuerza con un golpe de estado. Sabíamos que cualquier cosa haría por mantenerse, que no iba a salir porque un resultado electoral así lo exigiera. Dudamos y pensamos sobre lo que tendría preparado. ¿Un megafraude o un autogolpe militar? Pero optó por el megafraude, porque así quedaría siempre la duda y ganaría tiempo para su ataque final contra las instituciones que pudieran cuestionarle.

Pobre Venezuela, lo que le espera de aquí en adelante es fácilmente predecible para los que conocen de lo que son capaces estos regímenes que se imponer con el terror y la mentira, y que "se fingen defensores de los oprimidos para tener hombros en qué alzarse": más represión, más coartadas para totalizar el poder, para dominar los tribunales y la elaboración de las leyes, más violencia en las calles con una policía y un ejército cada vez más politizados, más acusaciones contra los americanos, más intimidación y chantaje para acabar con la oposición. Así lo ha hecho en Cuba su experimentado asesor.

Chavéz seguirá tratando de asfixiar a sus adversarios. Chávez jamás usará el lenguaje de la reconciliación y si lo usa no le crean, porque los que quieren mantenerse en el poder hasta su muerte -como él lo ha expresado-, jamás pueden reconciliarse con los pueblos determinados a ser libres, con los pueblos que ven con desesperación que se gobierna sólo para una parte de él y no para todos, que se gobierna para una parte de él contra la otra; y eso -como dijo nuestro José Martí-, eso no es gobernar. Y un pueblo dividido y martirizado no tiene otra opción que la lucha sin cansancio. Estoy seguro que estos amantes de la paz y la unidad pudieran haber perdido esta batalla, pero jamás la guerra.

16 de agosto del 2004

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