Editorial NPl
Edición 12


Enviar Artículo Efectos de la presión sobre la dictadura cubana
2 de agosto 2004

Ismael Sambra
Por Ismael Sambra
ismaelsambra@nuevaprensalibre.com

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La presión internacional sobre el régimen que desgobierna Cuba, va dando resultados. Fidel Castro y sus lacayos así lo saben. Por eso no tienen otra alternativa que ir cediendo, aunque esto sólo sean gotas estratégicas para ganar tiempo, después de la gigantezca ola represiva en marzo del 2003 y el encarcelamiento de 75 líderes disidentes, dirigentes sindicalistas y periodistas independientes.

La liberación sorpresiva en los últimos días de algunos de éstos, incluyendo a la única mujer del grupo Martha Beatriz Roque así lo demuestra. Esta digna mujer prometió seguir la lucha. Los otros también lo prometieron como hijos predilectos para la justicia. Se merecen la libertad porque la quieren entera.

El régimen justificó las liberaciones como un acto humanitario por causa de enfermedades. Falso, cuando hemos visto a otros prisioneros políticos cubanos morir en las cárceles víctimas de las enfermedades y la negación de auxilio como el caso de mi amigo Diosdado Marcelo Amelo Rodríguez hace tres años en la cárcel de Boniato en Santiago de Cuba.

El régimen no quiere reconocer públicamente que se equivocó una vez más frente a la dignidad del mundo civilizado, frente a la presión internacional. Quiere suavizar de alguna manera el error, porque le salió el tiro por la culata, pues ahora son más los enemigos internacionales. Estados Unidos promulga leyes concretas para sancionar al déspota y la Unión Europea ha dicho un NO rotundo frente a la desmedida represión y adopta sanciones inmediatas.

Mientras muchos países se empinan otros, como México y Canada, titubean movidos quizás por intereses económicos y mezquinos en franca contradicción con sus palabras de condena a las violaciones de los derechos humanos en Cuba. "Cada palabra debe ir acompañada por una acción", dijo Martí. La palabra será más útil cuando detrás marche la acción ejemplar. Frente al terror, la palabra será la voz de advertencia para los que no quieren ceder; la acción concreta, el instrumento para derrocar.

Con los dictadores y los tiranos no se relaciona, no se dialoga. A éstos se les arrincona, se les exige, se les castiga, se les condena. La historia ha demostrado que el lenguaje de la fuerza es el único que funciona contra ellos cuando se hace unánime y urgente darle paso a la libertad. Apréndase de una vez y evitaremos sangre y sacrificos innecesarios en esa humana conquista.
No nos engañemos. No hay nada de humanitario ni de meritorio en el régimen cubano en eso de excarcelar a unos pocos si lo contrastamos con el deshumanizado acto de seguir encarcelando y torturando a opositores pacíficos para mantener el poder. La astuta tiranía de Fidel Castro va dando sus últimos zarpazos. No lo duden. Cuando las dictaduras se vuelven más represivas connotan su etapa final. El final se acerca para esos que quieren sólo la libertad para sí en detrimento de los demás.

Hay que protestar. Hay que presionar. José Martí nos dio la clave y el ejemplo. "El déspota cede a quien se le enfrenta, no a quien se le humilla, con su única manera de ceder que es desaparecer. A los que le desafían, respeta, nunca a sus cómplices".

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