Editorial NPL
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Irak en las puertas de la democracia
2 de julio 2004

Ismael Sambra
Por Ismael Sambra
ismaelsambra@nuevaprensalibre.com

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Con el traspaso de poder a un gobierno interino iraquí, Irak da un paso de gigante en las puertas de la democracia. Paul Bremer, administrador civil entregó su puesto y abandonó el país para no dejar ninguna duda sobre el cumplimiento real de los acuerdos. Iyad Alaui es ya el primer ministro del nuevo gobierno y llamará en seis meses a las primeras elecciones pluripartidistas del área. Esto ha sido, sin lugar a dudas, un golpe sin manos para los que lo dudaban.

Estados Unidos de América se anota la segunda victoria en esta contienda de devolverle a los iraquíes la libertad anhelada después de su fulminante contienda armada.
Destronar a Sadam Husein no fue fácil. Las rebeliones en su contra fueron ahogadas en sangre. Hizo falta la ayuda externa para lograrlo, de lo contrario hubiera sido imposible, porque los tiranos se enquistan como los tumores malignos y se vuelven más dañinos cuando más cerca presienten su derrota. Se necesitó de largas maniobras para convencer del peligro que significaba su presencia en el Medio Oriente. Se tuvo que luchar hasta con las campañas de los comunistas y las corrientes izquierdistas que siempre ven erróneamente en cada enemigo de los Estados Unidos a un aliado, así sea éste el propio diablo.

La guerra contra el terrorismo obtiene sus primeras victorias. No hay alternativas en esta III guerra mundial ya declarada con sus nuevas características. Hay que buscar a los terroristas en su madriguera. No se puede jugar sólo a la defensiva. También hay que atacar y con eficiencia. En esa agilidad y clara combinación de factores está la clave. Fuerzas hay para derrotarlos. Razones hay. Aunque griten algunos por las violaciones de un sólo bando y hagan llamaradas informativas de algunos errores. Aunque griten algunos por los prisioneros iraquies torturados y callen estúpidamente como taimados cómplices ante los civiles que los terroristas decapitan.

Es indignante ver la bajeza de algunos "periodistas" y algunos medios a la hora de medir y hablar de violaciones. Parecen haber olvidado las tumbas masivas y las masacres con armas químicas a que fue sometido el pueblo iraquí por su tirano y sólo se preguntan ¿dónde están las armas de destrucción masiva que justificaban la guerra? La respuesta también es ésta, la guerra está justificada, porque un tirano imponiéndosele durante décadas a un pueblo, es un arma de destrucción masiva. 

Sadan Husein ya no está más y los tribunales iraquies se proponen enjuiciarlo y probablemente sea condenado a muerte de ser aprobada la ley. Pero los tiranos tienen sus lacayos dispuestos a seguirlo hasta la misma tumba ya envenenados en su propia maldad en eso de matar inocentes con bombas siucidas. Pacificar el país será una tarea dura para las fuerzas de la OTAN y las Naciones Unidas que finalmente participarán en este crucial evento, quizas el más importante y riesgoso de los últimos tiempos en aras de la libertad, por su carácter experimental, por el choque de creencias y culturas que pueda desencadenar el hecho de reconstruir un pueblo devastado por el odio, el miedo, la represion, el fanatismo y la duda.

Estas son entre otras las terribles secuelas que dejan esos hombres que se creen redentores y se enquistan en el poder totalitario alcanzado a sangre y fuego para llevar a cabo sus perversas pretenciones de bienestar personal y gloria universal: llámese Hitler, Stalin o Fidel Castro, para sólo nombrar algunos.

Los pocos tiranos que aún persisten en el mundo con su enfermiza megalomanía en eso humillar la dignidad de los pueblos, tienen las horas contadas. La cuenta es regresiva. Lo sabemos. La solución no es la de calmar el dolor de la enfermedad con aspirinas ni sedantes convencionales. La solución está en arrancar el mal desde su misma raíz y los buenos remedios son a veces los más amargos.

Irak será el ejemplo a seguir cuando se agotan los diálogos, las firmas y los acuerdos que terminan burlados, las ilusiones de creer en quien no se puede creer y la paciencia de los que esperanzados en los arreglos pacíficos tratan de calmar, convencer o disuadir a los que por convicción o naturaleza siempre serán una amenaza para la estabilidad de nuestro planeta. O se está con Dios o se está con el diablo. Las medias tintas no escriben páginas gloriosas en la historia de los pueblos, sino que las empañan. O estás conmigo o estás contra mí en esta guerra sucia de terror y muerte que nos amenaza a todos, en esta necesaria guerra de los aliados contra los enemigos de la civilización, del progreso, de la democracia y la paz.

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