|
Editorial
El mayor cínico de la
historia

Por Ismael Sambra
ismaelsambra@nuevaprensalibre.com
Join
NPL mailing list para recibir
los editoriales y artículos importantes
En la historia de la humanidad han existido grandes mentirosos,
personajes que han protagonizado acontecimientos sociales a expensas
de trucos y engaños, de prometer con su liderazgo el cumplimiento
de programas revolucionarios que ni remotamente pensaron cumplir,
personajes que han estafado la conciencia social para conseguir
sus fines de poder y gloria.
A estos hombres José Martí los llamó “arteros
envenenadores”. En mayo de 1894, alertaba a su amigo Fermín
Valdés Domínguez, en una carta escrita desde Nueva
York: “Dos peligros tiene la idea socialista como tantas
otras: -el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas,
-y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que
para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse,
para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores
de los desamparados.”
El comunismo, al igual que el naci-fascismo, a través
de sus doctrinas de terror y exterminio arrastraron a muchos incautos,
a muchos envidiosos, a muchos enfermizos lacayos tras sus enunciados,
entre éstos el de crear el “hombre nuevo” (comunista)
o el “hombre superior” (naci-fascista) y son demasiadas
las coincidencias. Muchos se sintieron después avergonzados
y pidieron perdón a la humanidad por apoyar tan nefastas
doctrinas, con la excusa de que no conocían los verdaderos
propósitos de sus líderes, de que fueron engañados
por éstos, por sus discursos y promesas de bienestar para
la humanidad. Pero otros aún persisten en lo mismo con
nuevos disfraces y quieren que olvidemos sus crímenes.
Pero es que han visto que históricamente el truco les
funcionó a personajes que como Hitler y Lenin arrastraron
a las masas siempre olvidadizas o ignorantes hacia las desgracias
que producen estos depredadores morales de la sociedad. Increíblemente
muchos vuelven a confiar y a apoyar a estos personajes que imitan
o tratan de imitar a sus maestros históricos, mezclando
estridencias y escándalos políticos con carisma
y discursos oníricos o utópicos. La mayoría
de ellos nunca mostraron en sus inicios la verdadera cara, el
verdadero objetivo o super-objetivo. Y cuando algunos seguidores
reaccionaron frente al engaño, ya fue demasiado tarde y
pagaron con cárcel, destierro o muerte la equivocación.
El más reciente ejemplo, es el Hugo Chávez de Venezuela,
que ya llueve sobre mojado, y todavía encuentra seguidores,
esos que esperan la llegada al poder de personajes como él
para descargar su envidia y su odio contra la propiedad privada,
contra los que realmente aportan a la economía y al desarrollo,
pues dan de sí lo que tienen (talento, voluntad y trabajo)
en lugar de esperar que el gobierno les dé como limosna
lo que les quita a otros. Este cínico discípulo
trasnochado del gran cínico Fidel Castro, arremete contra
toda armónica relación y contra los propios venezolanos
que le dieron ingenuamente su voto en las urnas. Y ya es quizás
demasiado tarde para eliminar el cálculo maquiavélico
que inspiró en estos engendros la pericia y astucia para
que fuesen amados por unos, odiados por otros y temidos por todos
hasta el día de su muerte, pues juran que sólo la
muerte los separaría del poder conquistado y mantenido
a sangre y fuego.
Todavía podemos recordar las promesas y los trucos de
Fidel Castro que le sirvieron para llegar y luego consolidar su
poder en Cuba por casi cincuenta años. Los seguidores que
descubrieron sus artimañas desde el principio y se rebelaron,
fueron eliminados por él y por el fanatismo del pueblo
profesado al supuesto “líder revolucionario”
que los llevaría a la distribución equitativa de
las riquezas, a la justicia social y a la prosperidad. Con la
mayor frialdad del mundo estos líderes orquestan sus mentiras
de tal manera que resultan convincentes y difíciles de
desenmascarar.
Recordamos las palabras de Fidel Castro en el juicio al comandante
Huber Matos, segundo hombre de la revolución cubana, condenado
a 20 años de prisión por desenmascarar las intenciones
comunistas y dictatoriales del líder de la revolución
cubana.
“... y yo creo que debemos discutir aquí
esa cuestión ideológica, debemos agarrar por los
cuernos aquí el truquito del comunismo, el truquito que
han inventado, es el fantasma a que han acudido y donde han acudido
de manera especial en este juicio para hacerle el juego a los
enemigos de la revolución cubana y vamos aquí a
desenmascarar el argumento, porque basta ya, que es una postura
muy cómoda venir a pararse aquí a acusar de comunista
a la revolución...”
Y luego, más adelante en estas mismas declaraciones contra
Huber Matos, con gran cinismo, Castro agregó: “¿Y
después qué explicación le daba yo al pueblo?
¿Cuándo me ha visto nadie a mí mentirle al
pueblo? (...) ¿Quién ha visto que el estilo de nuestro
gobierno sea un estilo de secreto para el pueblo?” Estas expresiones
indignan, porque conocemos lo que hizo después.
Recientemente la prestigiosa revista especializada Forbes, dedicada
a temas económicos y financieros incluyó a Fidel
Castro en el séptimo lugar de la lista de los diez mandatarios
más ricos del mundo, con una fortuna estimada en 900 millones
de dólares. Entonces Castro se quejó públicamente
y amenazó con renunciar al gobierno si se demostraba que
tenía un solo dólar en su cuenta. ¿Podemos
creer en este cínico que ha gobernado durante casi cincuenta
años a base de engaños y mentiras? Prometió
elecciones pluripartidistas y jamás ha cumplido. Prometió
“una revolución cubanísima como las palmas”
y luego se declaró comunista.
Recordemos la entrevista que le hizo el periodista católico
José Ignacio Rasco en abril de 1959 en la cual Fidel Castro
expresó:
"No soy comunista por tres razones, y te lo digo
para tu tranquilidad espiritual.
Primero, porque el comunismo es la dictadura de una sola clase
y yo he luchado toda mi vida contra las dictaduras y no voy a
caer en una dictadura del proletariado.
La segunda razón, porque el comunismo significa odio y
luchas de clases y yo estoy en contra completamente de esa filosofía.
Y la tercera porque el comunismo lucha contra Dios y la iglesia..."
Por la falta de ética patentizada en éstas y otras
reiteradas acciones y expresiones, he catalogado a Fidel Castro
como “el mayor cínico de la historia” en mi
libro-ensayo El único José Martí,
principal opositor a Fidel Castro.
La revista Forbes reafirmó nuevamente sus argumentos.
"No me sorprende su reacción", dijo la reportera,
él "no quiere que los cubanos sepan esto". Pero
ni siquiera podemos creerle de que cumplirá su promesa
de renunciar al poder. En realidad si hubiera tenido un mínimo
de vergüenza debió haber renunciado en el año
1970 cuando paralizó el país y prometió contra
todos los pronósticos hacer una zafra azucarera de diez
millones de toneladas de azúcar y sólo produjo ocho;
pero entonces declaró con el mayor cinismo: “Vamos
a convertir el revés en victoria” para después
destruir poco a poco la tradicional industria de la economía
cubana; o en el año 1980 cuando se produjo un masivo rechazo
a su régimen con el más grande éxodo humano
a través del mar que recuerda la historia; pero entonces
creó sus brigadas de represión comunista para perseguir,
reprimir y torturar a los que disienten. Cuando vemos surgir nuevamente
en América estos engendros pervertidos que nos imponen
férreas dictaduras con disfraces de revolución,
avizoramos nuevos peligros para la libertad de los pueblos.
Join
NPL mailing list para recibir
los editoriales y artículos importantes
Arriba
|