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Derechos Humanos
La internet es contrarrevolucionaria
Este relato, si acudimos a la realidad cubana, comenzaría
así:
Un hombre no cualquiera, sino un patriota, un profesional de
las letras, un periodista que desea lo mejor para su país,
que ama la libertad y los derechos humanos, no puede sentarse
frente a una computadora, porque se lo prohíben. ¿Quiénes?
Los que temen a la verdad, la pandilla de asaltantes que controlan
todos los medios de comunicación del país. Y este
hombre famélico, debido a la desnutrición y a las
innumerables huelgas de hambre a que ha acudido para protestar,
no puede buscar información porque le niegan ese derecho,
o sea, no puede acceder a la Internet porque para ésos
que controlan la información que debe recibir cada residente
de la Isla-cárcel, la Internet es contrarrevolucionaria.
¿Y por qué? La respuesta es sencilla: porque a
través de ese medio de comunicación e inter-relación
a nivel global, ese hombre, que responde al nombre de Guillermo
Fariñas Hernández, psicólogo y master en
ciencias, director de la agencia independiente Cubanacán
Press, puede dar a conocer que más allá de las playas
que se ofrecen al turismo internacional, existe un mundo distinto
que cotidianamente se le impone al isleño, un mundo plagado
de consignas, de promesas que nunca se cumplen, un mundo sin esperanzas,
sin sueños, sin fantasías; el mundo de la tortura,
de la represión, de la falta de libertad.
La Internet, como instrumento de uso internacional, no puede
ser controlada por el régimen dictatorial cubano. La Internet
permite asomarse a un mundo de información extraordinario,
tanto en el campo económico, cultural y político,
que pone de manifiesto la mentirosa propaganda de la dictadura
cubana.
Y este hombre, que padece de poli neuropatía, gastritis
y epilepsia, poniendo en peligro su vida, se ha declarado nuevamente
en huelga de hambre, porque le niegan el derecho a utilizar la
Internet. Estas son medidas represivas de la dictadura y a los
periodistas de Cubanacán Press se les ha suprimido el uso
de los centros públicos de acceso a la Internet. Centros
que los periodistas independientes pagaban en divisas para poder
utilizarlos.
Y este valiente manojo de huesos que es Guillermo Fariñas,
escribe una carta al dictador cubano, y lo hace con dos objetivos.
Primero, darle a conocer su viril actitud ante la opresión
de que es objeto, aunque sepa que al Dinosaurio con barbas le
van a entrar por una de las orejas y le va a salir por la otra.
Y segundo, la más importante: que se conozca a nivel internacional
lo que sucede en la cárcel más grande del mundo.
Por su importancia, y por su desafiante valor, en contraste
con el miedo del régimen, reproduzco una parte de la carta,
la cual se explicita por sí sola:
Santa Clara, 31 de enero de 2006
A: Dr. Fidel Castro, Presidente de la República de Cuba
(de facto)
Quien le escribe, es el director general de la agencia de noticias
independiente Cubanacán Press, la cual se basifica en la
región central del país. Nuestra agencia tiene como
principal objetivo denunciar todos los desmanes, abusos, atropellos,
golpizas, encarcelamientos y cualquier punto de vista que su sistema
no permita sea difundido en los órganos de prensa e información
oficialistas.
Mediante esta misiva, que a la vez constituye una carta a la
opinión internacional, queremos informarle que debido al
totalitarismo que trae implícito el régimen que
usted preside, la inmensa mayoría de los cubanos no tenemos
acceso a un libre flujo de información, lo que incluye
el acceso a la red informática Internet.
Cuando los hechos son tan evidentes, sobran las palabras. En
aras de la libertad de prensa, de los derechos humanos, de la
dignidad plena del hombre, salvemos a este hombre. Guillermo Fariñas
reclama un derecho que no es sólo para él y para
su agencia, sino a todos los habitantes de Cuba. Hay que movilizarse
internacionalmente para apoyar a este hombre y salvar su vida,
mucho más digna y con más decoro que la del dictador
que trata de humillarlo.
Gracias Guillermo Fariña por ésta, su extraordinaria
lección de valentía y decoro cívico.
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