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Latinoamérica Hoy
La Venganza de los Totalitarios
Por David Levy
(Especial para NPL)
Acaba de publicarse en Bitácora Cubana un excelente artículo
de Alexander Torres Mega sobre la tergiversación de la
historia de su país por los grupos gobernantes en Uruguay,
cuyo propósito es castigar injustamente a los que lo defendieron
del totalitarismo.

La apasionada protesta de este profesor uruguayo merece mayor
difusión. Uruguayos y argentinos están gobernados
ahora por quienes en la década del setenta cometieron actos
de terrorismo comparables a los de Irak, sin los suicidios. En
ambos países sudamericanos, ante la derrota americana en
Vietnam, los fervientes admiradores de la Unión Soviética
y del régimen cubano creyeron que las condiciones eran
propicias para la "inevitable revolución socialista".
Varias organizaciones de extrema izquierda llevaron a cabo el
sistemático secuestro y asesinato de ejecutivos de empresas,
de militares, de intelectuales adversos a su ideología,
creando un clima caótico que duro varios años.
Las autoridades democráticamente elegidas, dada su incapacidad
para combatir eficazmente a los terroristas, fueron destituidas
en 1976 por golpes militares, cuyos líderes, conscientes
del peligro que esas bandas castristas entrañaban, no tardaron
en aplastar la subversión mediante lo que después
se llamo "la guerra sucia". Esa guerra es censurable
porque tanto inocentes como culpables han "desaparecido"
habiéndoseles negado su derecho a la defensa ante un tribunal.
Pero su mérito, a un costo inaceptable, es haber derrotado
a las hordas totalitarias.
Ahora, esas bandas guevaristas, ensimismadas en su desprecio por
la libertad y sedientas de revancha, han llegado al poder por
vía democrática mientras su propaganda apunta al
neoliberalismo y a la globalización como las causas de
todos los fracasos latinoamericanos. Pretenden ignorar que la
corrupción ha sido y sigue siendo la principal rémora
que ha detenido el progreso de la región, mientras sus
propuestas conllevan la destrucción de las instituciones
que protegen la democracia y garantizan la libertad. Sus primeras
víctimas son los militares que salvaron su país
del totalitarismo, a quienes aguardan severas sentencias en prisiones
para criminales comunes.
Cuando se pierde la libertad, sobre todo la libertad de expresión,
el diálogo constructivo es imposible, de manera que también
se enajena todo análisis que pudiera surgir del diálogo,
se dificultan las soluciones positivas a los problemas sociales
y se erradica todo pensamiento innovador.
En otras palabras, se destruye el motor de la civilización.
¿No han ocurrido ya esos horrores en la Alemania nazi,
en la Unión Soviética, en la China comunista, en
Camboya, en Corea del Norte, en Cuba...?
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